COMPLICADOS

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Por Ulises Toirac ()

La Habana.- – Es que tienes los ojos… Complicados.

-Toda la vida, profe. ¡La cantidad de veces que la vieja tuvo que ir a ver a mis maestros que se quejaban de que yo no miraba la pizarra para explicarles que yo tenía un ojo fumando y el otro pidiendo el cabo!

Mi cirujano oftalmólogo reprime la carcajada. No acostumbra a tener pacientes que se la pasen jodiendo. Y devuelve seriedad con seriedad. Lo respetan, me doy cuenta por los comentarios de los demás galenos y porque anda con estudiantes a pupilo sin perderle ni pie ni pisada. Me da la impresión de tener un privilegio «por encima de mi paga». Este hombre debía estar dando conferencias por el mundo y no mirándome atento, tratando de descifrar otro cálculo para ir al seguro. Para «aflojar» tiro otra de las mías respecto a mi nueva cualidad maculo-degenerativa:

-Desde que acabo de descubrir que con mi ojo derecho las líneas rectas se ven curvas, he decidido mirar a las flacas con ese ojo.

El doctor golpea una hoja con el bolígrafo y reprime de nuevo la carcajada.

-Mientras no hables mal de mí en las redes sociales…

-Na -replico-. Si voy a opinar de alguien en público es para alabarlo. Para cantar estrikes está la conversación privada.

Luego me acuerdo de que no siempre se pueden tener conversaciones privadas con cierta gente que me llena la cachimba, pero callo. El profe, obviamente, no entra en esa gaveta.

Hoy me ha tirado contra nuevos aparatos «cómicos» porque mis ojos «son complicados».

-Es que tienes dos operaciones previas en cada ojo y eso introduce complicaciones -me aclara.

Y yo le respondo que sé que va a salir bien, que confío, mientras pienso «yo sé que eres un cabrón genio encerrado en un cuerpo modesto».

Salimos y me da una palmadita en el hombro.

-Ya te tengo medido y no es pa ropa -bromea.

Y nos despedimos. Sencillamente. Cogiendo cada uno para su lado. Yo accediendo a hacerme fotos con la gente que me aborda, y él leyendo unos diagnósticos y comentándolo con la alumna que le persigue, inadvertido para la mayoría… Un hombre al que nadie le pide fotos (ni siquiera sus pacientes) y que, sin embargo, todos debían tener una en su casa.

Y no pongo su nombre y apellidos porque no quiso. Él también es complicado, aunque no como mis ojos.