LA IMPORTANCIA DEL MEDITERRÁNEO EN LA II GUERRA MUNDIAL

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Tomado de MUY Interesante

Entre septiembre de 1941 y mayo de 1944 se libró una intensa campaña militar en el Mediterráneo entre los aliados y el Eje en la que territorios como Creta, Gibraltar, Malta o Sicilia se convirtieron en enclaves estratégicos muy codiciados por ambos bandos

Madrid.- La inmensa costa que rodea el mar Mediterráneo fue el escenario de duros enfrentamientos entre los aliados y las potencias del Eje. Al contrario de lo que sucedió en el Pacífico, convertido en un laboratorio de ensayos marítimos, las operaciones militares en la zona agitaron el avispero del conflicto y ensalzaron el papel de liberador del Imperio británico.

De Gibraltar a Creta, la importancia estratégica del Mediterráneo en la Segunda Guerra Mundial

Un avión de transporte C-47 Dakota se prepara para un vuelo nocturno en la pista del Peñón de Gibraltar durante la Segunda Guerra Mundial. Foto: Getty.

Ese cálido y tranquilo Mediterráneo, que es símbolo de toda Europa, sirvió de paso para los convoyes británicos y para los barcos del Eje. Encontraron en Malta, Creta o Sicilia los argumentos necesarios para establecer bases militares y aprovisionar a sus fuerzas, así como ahorrar tiempo en los desplazamientos a través del mar Rojo y las regiones próximas a Egipto. En la pugna por el dominio de este apreciado mar lleno de islotes y puntos estratégicos, Creta fue un punto muy deseado por su envidiable localización.

Ataques a gran escala de paracaidistas

La importancia de la isla ganó peso tras el ataque de Italia a Grecia el 28 de octubre de 1940. La invasión provocó el desconcierto del conjunto de la población y de la familia real del país. Benito Mussolini, ávido de demostrar su superioridad respecto a Alemania, mandó a sus divisiones a las fronteras, penetrando por el norte. Tan solo seis meses después, el 6 de abril de 1941, se unieron a la contienda las tropas de Hitler, proporcionando efectivos y armamento de primer nivel.

En cuestión de un mes, la familia real, encabezada por el rey Jorge II de Grecia, se vio obligada a refugiarse en Creta, al tiempo que los italianos se enfrentaron a la exultante resistencia del ejército heleno. La operación se completó el 28 de abril de 1941 con una gran «meticulosidad», según se recoge en La batalla de Creta, de Anthony Beevor. De cara a materializar el dominio del Mediterráneo, Gran Bretaña sintió la necesidad de intervenir, pero el débil ejército griego, incapaz de hacer frente a la coalición italo-alemana, aceptó que las tropas británicas se situaran en Creta para proteger las inmediaciones de un avance enemigo. Gracias a la presencia de una serie de puertos de enorme utilidad, aquel territorio se convirtió en una posesión muy valiosa para el Reino Unido.

Jorge II de Grecia

El rey Jorge II de Grecia posa en uno de los salones del palacio de Westminster durante su exilio en Londres. Foto: Getty.

En el momento en el que se decantó finalmente por invadir Creta, Hitler movilizó a sus soldados con el general Kurt Student al mando de la operación y apoyada por la Luftwaffe. G. C. Kyriakopoulos cuenta en La ocupación nazi en Creta que la batalla fue un paseo para Alemania a pesar de la resistencia británica, que sufrió grandes pérdidas. De hecho, esta batalla fue la primera en la que se realizó un ataque a gran escala con tropas paracaidistas sin intervención del arsenal terrestre.

Uno de los objetivos de Mussolini para atacar a Yugoslavia y a Grecia era recuperar el aura de la vieja gloria que inspiró la creación del Imperio romano. Y bajo esa premisa, el Duce también quiso ampliar sus opciones con una doble ofensiva en el Mediterráneo oriental, la captura de Mersa Matruh, en Egiptoy su expansión hasta el Mar Egeo.

Operaciones italianas de buzos

En ese debate por el control marítimo se encontró con otro enclave estratégico donde participaron los soldados británicos: Gibraltar. Ese pequeño montículo desempeñó un papel muy importante en la Segunda Guerra Mundial: fue la válvula de acceso desde el Atlántico y, como tal, atrajo las miradas de ambos bandos. Durante la Operación Félix quedó patente. Fue el plan por el cual el ejército nazi planeó una incursión rápida a través de España, pero la reunión con el Gobierno franquista en Hendaya lo truncó.

Franco y Himmler en Madrid 1940

El general Franco y Heinrich Himmler posan juntos en Madrid en 1940. Foto: ASC.

En 1942, Italia tomó el relevo de esas aspiraciones y atacó el Peñón en varias ocasiones. Lo hizo partiendo desde Cerdeña y se apoyó en los bombarderos pesados italianos Piaggio 108, pero los británicos repelieron con solidez los ataques. No se repitieron otras incursiones aéreas hasta 1944, cuando una unidad formada por diez aviones italianos desplegó otros cazas con idéntico resultado.

Aun con todo, Gibraltar fue un lugar recurrente y apetecible para distintas operaciones militares. Una de las más curiosas se produjo en el mar, más concretamente, debajo de él. Los llamados «hombres rana», un comando de buzos perfectamente entrenados para la guerra, se establecieron a tres kilómetros de la frontera gracias al apoyo de un oficial italiano, Antonio Ramognino, que se casó con una española de la alta nobleza, Conchita Peris del Corral. Ambos contaban con una villa que se convirtió en refugio de espías durante toda la guerra. La decisión de establecer en Villa Carmela, como así se denominó, un puesto de vigilancia se debió, en primer lugar, a su cercanía con el Peñón; y, por otro, a la necesidad de mejorar el dispositivo táctico a raíz de las experiencias que había tenido la Decima Flottiglia M.A.S.

Buzos de combate italianos de la Decima Flottiglia

En esta imagen recreada cinematográficamente, dos buzos de combate italianos de la Decima Flottiglia (X MAS) cortan las redes de protección del puerto de Gibraltar para lanzar un ataque. Foto: Getty.

Operaciones especiales en varias zonas

La campaña mediterránea, registrada entre el 21 de septiembre de 1941 y mayo de 1944, fue muy intensa. Fueron muchas las operaciones que en mayor o menor medida se llevaron a cabo. Los ataques a Pearl Harbor de mediados de 1942 provocaron una serie de contraofensivas aliadas diseñadas para proteger otras zonas como Argelia, Marruecos y Túnez, que se encontraban entonces bajo el protectorado de Francia. Fueron tres puntos que sirvieron para reducir los golpes cargados de intensidad de Italia en la primera parte de la guerra.

Gran Bretaña también se estableció en Malta, una isla flanqueada por Sicilia y situada en el norte de África, cuya ubicación resultó idónea para bloquear el transporte de suministros del Eje. Los ingleses fijaron una base militar de primer nivel con el apoyo de la Marina Real. Fue uno de los territorios más bombardeados del conflicto. En 1940, Italia recurrió a los tradicionales bombardeos para eliminar la amenaza, pero las defensas fueron muy efectivas a pesar de los escasos recursos. «Italia contaba con excelentes barcos de guerra, pero en el momento en el que entraban en combate con los británicos, que tenían portaaviones y aviación embarcada, siempre salían perdiendo, y cuando llegaba la aviación italiana, perteneciente a su Ejército del Aire, ya era tarde», apunta el capitán de navío José Manuel Gutiérrez de la Cámara en el libro La batalla del Mediterráneo, donde se repasan las principales operaciones marítimas de la Segunda Guerra Mundial.

Winston Churchill tuvo claro desde el primer momento la importancia de la costa europea. Durante su discurso en mayo de 1940 advirtió: «Estamos en acción en numerosos puntos de Noruega y Holanda, y tenemos que estar preparados en el Mediterráneo». A medida que avanzó el conflicto, la alianza entre Gran Bretaña y Estados Unidos se fortaleció. Sus tropas, a finales de 1942, desembarcaron en varios enclaves de Argelia y del norte de África con el objetivo de ampliar las defensas una vez que las regiones del sur de Francia fueron ocupadas por los alemanes.

Portaaviones HMS Ark Royal

El portaaviones HMS Ark Royal de la Royal Navy navega escoltado por un crucero británico en aguas próximas a Gibraltar a principios de los años cuarenta. Foto: Getty.

El engaño que cambió el curso de la guerra

Por otra parte, entre las páginas de El día de la batalla, Rick Atkinson cuenta que en Túnez se encadenaron varias batallas de gran calibre entre las fuerzas aliadas y las tropas italo-alemanas. Reino Unido se aprovechó, en parte, de las primeras indecisiones de Estados Unidos de llevar la guerra hasta el Mediterráneo, para hacer que sus ejércitos lanzaran varias ofensivas por distintos territorios. Una de las más cruentas se dirimió en Sicilia, en 1943, bajo el nombre de Operación Husky. La invasión en la isla representó el mayor desembarco anfibio conocido hasta la época y contribuyó a acelerar el camino hacia una serie de victorias en Europa.

La isla más grande del Mediterráneo fue el destino de una operación de gran envergadura, cuyas bajas aliadas fueron, además, reducidas. Lo que propició fue arrebatar al monstruo nazi el poderío en la región, pero sus prolegómenos fueron, si cabe, de la misma dimensión. Reino Unido quería romper la baraja, y no se le ocurrió mejor forma que realizar una maniobra de confusión. Se llamó Operación Mincemeat, cuya traducción en español es aún más ambigua («Operación Carne Picada»), y se trató de un plan trazado por los altos mandos británicos para engañar a los alemanes que iban a invadir Grecia en lugar de Sicilia. El artífice de este ardid fue Ewen Montagu, juez londinense y oficial de inteligencia naval, cuyas hazañas se describen brillantemente en El hombre que nunca existió, del periodista Ben Macintyre. «El éxito de la invasión a Sicilia dependió del uso de una fuerza abrumadora, la logística, el secreto y la sorpresa», se recoge en sus páginas.

El plan se definió entre Churchill y Franklin D. Roosevelt en Casablanca en 1943 después de cosechar un gran éxito en la campaña del Norte de África. Para lograr el engaño, un año antes se organizó la Sección de Vigilancia de Londres, cuyo objetivo era planificar acciones para obligar a los enemigos a «gastar sus recursos militares». Se logró que Hitler desviara su atención de Sicilia, estratégicamente importante para los intereses alemanes, a Grecia o Cerdeña. Para ello, se inventó una leyenda alrededor de una persona que falleció en un accidente de avión en Cádiz y cuya falsa identidad desveló un supuesto ataque a Cerdeña. Migaja tras migaja, y territorios abiertos en canal, la guerra marítima durante la Segunda Guerra Mundial, y no solo en el Mediterráneo, fue una empresa donde valientes soldados marcaron a fuego la Historia.

Soldados británicos desde un tejado en Atenas

Soldados británicos del 5.º Batallón de Paracaidistas disparan una ametralladora Vickers desde un tejado en Atenas durante las operaciones contra miembros de ELAS (diciembre de 1944). Foto: Getty.