LA HISTORIA DETRÁS DE LA FOTO (XVII)

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Por Jorge Sotero

La Habana.- La foto de hoy es de esas que irrita, molesta, que saca de las personas buenas todo eso que llevan dentro y que hacen que uno explote y suelte hasta alguna palabrota. Es de esas que deja al sistema golpeado, sin respuestas.

Ya sé que el sistema no tiene respuestas para nada. Y que cuando encuentran alguna, al momento se convierten en meme, como aquello del defenestrado ministro de la Alimentaria sobre las tripas, los ríos canadienses congelados de la titular de Comercio Interior, o el Canal de Panamá sin agua, de Manuel Marrero.

Pero esto no tiene explicación. Una anciana llega al Calixto García, nada más y nada menos que al centenario Calixto García, el hospital con más tradición de Cuba, el de los pabellones más lindos, el del cuerpo de guardia más eficiente por décadas y la lanzan a una camilla sin colchón, sobre los alambres, como si en lugar de una persona fuera un saco de papas.

No. Hay cosas que están por encima de todo. No. No se puede tratar así a un ser humano. A ningún ser humano, pero mucho menos a un anciano, a alguien que va cuesta abajo en la vida y que necesita mimos, cariño, delicadeza. Esto no puede ser y merece que alguien pague.

Y lo podemos denunciar acá, en cualquier lugar y no pasa nada. No pasa nunca nada. No sucedió cuando las muertes en Mazorra hace unos años, con fotos que probaban el atropello contra los pacientes. Solo algún señalamiento crítico, como si hubieran muerto animales, que ni eso. Tampoco sucedió nada cuando casi una docena de niños recién nacidos murieron en el Pediátrico de 10 de Octubre de ahora para luego. Salud Pública anunció separaciones de puestos, amonestaciones y nada más. No hay prisión para los responsables, no se abren causas, no entra de oficio la Fiscalía…

Por eso, lo de esta anciana, que ocurrió hace unos días en el Calixto García, también pasará a formar parte del archivo de barbaridades que se cometen en la salud en Cuba, y en lo cual no son los médicos los responsables, o no siempre, sino los que dirigen, el sistema, que es incapaz de solucionar los cada vez más crecientes problemas.

Ahora mismo no hay sueros en los hospitales, ni yeso, ni material de sutura -incluido hilo- y tampoco medicamentos.

Si uno se enferma en Cuba, lo mejor que puede hacer es implorarle a Dios que lo salve o se lo lleve rápido, para evitarle el suplicio, porque la solución no la encontrará en los hospitales ni en los policlínicos.

Si esto pasó en el Calixto García, qué dejaremos para otros lugares.

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