LOS ASESINOS DE LA REVOLUCIÓN

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Por el Padre Alberto Reyes

La Habana.- No sé quién escribió estas líneas. Creo que tienen razón en todo lo que dicen. Y creo que son buenas para hacernos pensar… a todos.

¿Qué es la revolución? ¿Qué valor tiene? ¿ En qué nos beneficia?

Para intentar a toda costa mantener algo «vivo» primeramente debe ser valioso y para que algo sea considerado valioso debe brindar grandes beneficios.

La revolución es una ilusión que nos vende un falso optimismo como esperanza, un ente «endiosado» ávido de sacrificios.

La revolución dejó de existir en el preciso momento en que un niño lloró por no tener leche para el desayuno, en el momento en que una madre tuvo que vender su cuerpo para mantener a sus hijos, en el instante en que un trabajador tuvo que robar mercancía en su centro laboral para poder llegar a fin de mes.

La revolución murió en el instante en el que a un jubilado no le alcanzaron sus años de trabajo para al menos garantizar su alimento. La revolución murió en el preciso instante en que un turista tuvo más derecho que un cubano, en el momento en el que no se encontró un medicamento en la farmacia en moneda nacional pero sí en una farmacia en dólares.

La revolución murió en el momento que se construyó el primer hotel y se le prohibió al cubano visitarlo. La revolución murió en el momento en que sacaron a los cubanos de sus mejores playas, en el que vender viandas fue mejor que ser cirujano, en el que un título universitario no sirvió para nada, en el momento en que un salario dejó de ser digno.

La revolución murió en el momento en que se buscaron culpables externos por los errores internos. La revolución murió en el momento en que se decidió desmantelar el históricamente principal renglón de la economía (azúcar). La revolución murió con el reordenamiento monetario, murió con las Mipymes, con las misiones médicas.

A la revolución la mataron ustedes mismos.