LA FIESTA DEL COMITÉ O A MI JARDÍN NO ENTRARÁS

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Por Arturo Mesa
…de la serie… (Los Atlantianos)
Atlanta.- El sábado anterior los viejos me invitaron a ver una casa que estaba en venta para que conociera de los lujos de una vivienda Yuma. Preciosa mansión moderna; varios baños, varias habitaciones, habitaciones para bebés, piscina y jacuzzi recién instalados, un garaje para cuatro autos en forma de barbacoa, jardín y patio amplio. En fin, toda una maravilla.
Cuando terminamos la visita, mis papis me fueron a enseñar una casita cerca del lugar, y que ellos, en algún momento, quisieron comprar. Era una casa modesta pero preciosa, en un zona excelente, al final de una calle sin salida. Creo haber entendido que no compraron la casa porque la entrada al garaje era compartida con otra casa ubicada al fondo y parece que eso no les gustó.
Debo aclarar que según cuentan las noticias del lado de allá y las películas del sábado, cualquier extraño rondando un vecindario puede ser inmediato objeto de agresión por los vecinos. En la acera contraria a nosotros había una pareja de personas mayores despidiendo una visita y cuando se quedaron solos nos preguntaron si necesitábamos algo. Nos acercamos y explicamos el motivo de estar allí. La mujer era muy amable y enseguida nos dijo que podíamos cruzar y entrar por el patio para ver la propiedad junto a la otra casa, porque allí no había nadie en ese momento. Aceptamos entrar y nos dirigimos hacia el patio y fue allí cuando se desató la violencia y el lenguaje de adultos de las películas.
El dueño de la casa en realidad sí estaba allí. Y como un bólido, salió hacia el patio a increpar a los visitantes, cargando en su mano una agresiva taza de té.
–¿Hola? –nos dijo en un tono amenazador y con aquella arma caliente en la mano que metía miedo.
La vecina se sorprendió y al momento exclamó: ¿¡Ah pero ya regresaron!? No lo sabía. Estos señores casi compran tu casa hace mucho tiempo y querían verla.
Y aquel hombre, así de frío, le dijo: «Pues que la vean. La propiedad llega hasta aquella cerca y hasta aquella otra».
Cuando terminamos el recorrido, el hombre se hallaba ya al centro del patio, se presentó, y en otro tono amenazador nos dijo: “Pero entren ahora para que terminen de ver la casa por dentro también”.
Hicimos un increíble y espontáneo recorrido de la propiedad por dentro y por fuera. Este, fue mejor y más íntimo que el que le hicimos a la mansión. Luego el anfitrión nos acompañó hasta el portal y nos enseñó cada flor plantada en el jardín.
Narro la historia, porque se abusa de la noticia contraria y la violencia en esta sociedad en donde todavía abundan las personas de bien. Para colmo, cuando nos íbamos la mujer nos invitó a regresar para compartir una copa de vino (frase textual) y fue ahí cuando se viró hacia su vecino y le preguntó que por fin cuándo iba a ser la fiesta.
–¿Qué fiesta? –esta vez el que pregunté fui yo sorprendido.
–La de la cuadra –dijo ella– lo hacemos todos los años.
–¡Una fiesta de vecinos en la cuadra! –exclamé. Luego sonreí y me fui para el carro a esperar a mis papis. En realidad no quise preguntar cuándo era la fiesta por miedo a que me dijeran que en Septiembre.