EL GENERAL BELISARIO, DE LA GLORIA AL OLVIDO

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Por Joaquín de la Sierra
Madrid.- A veces, ser el mejor general no es suficiente cuando los celos de tus superiores nublan su juicio. Así le ocurrió a Belisario, considerado uno de los mayores estrategas militares de la historia, cuyas campañas fueron decisivas para la expansión y consolidación del Imperio Bizantino bajo el reinado de Justiniano.
Su habilidad para triunfar en situaciones adversas, con menos recursos que sus contemporáneos, y su ingenio táctico en el campo de batalla, le granjearon un lugar de honor en los anales de la historia militar.
Entre sus logros más destacados se encuentra la reconquista de vastas porciones del antiguo Imperio Romano de Occidente, incluyendo el norte de África, Italia y partes de Hispania. Sin embargo, el resplandor de sus victorias no fue suficiente para iluminar las sombras de desconfianza y envidia que se cernían sobre él.
Nacido en Germania, cerca de Tracia, alrededor del año 505, Belisario comenzó su carrera militar como oficial en la guardia personal de Justiniano, por entonces heredero al trono.
De origen probablemente noble, bien educado y cristiano, Belisario no solo destacaba por su imponente presencia física y sus rasgos nobles, sino también por su coraje, determinación y una mente aguda para la estrategia militar.
A lo largo de su carrera, demostró una lealtad inquebrantable, incluso frente a las sospechas e ingratitud de su soberano, mostrando una virtud rara vez registrada en la historia: la decisión consciente de no apoderarse del poder, a pesar de tener todas las razones y oportunidades para hacerlo, por amor a su patria.
La culminación de su brillante carrera militar llegó cuando, tras vencer a los godos, estos le ofrecieron el reino de Roma, un gesto que testimonia el respeto y admiración que sus enemigos tenían hacia él.
Belisario, sin embargo, declinó la corona, reafirmando su fidelidad al Imperio Bizantino y a Justiniano. A pesar de sus innumerables contribuciones, el final de Belisario estuvo marcado por la tragedia. Acusado injustamente por sus rivales y caído en desgracia ante un emperador paranoico y susceptible a las intrigas, Belisario enfrentó sus últimos días alejado del esplendor que una vez lo rodeó, dejando tras de sí un legado que trasciende la memoria de sus triunfos y derrotas, como un recordatorio eterno de la complejidad de la naturaleza humana y los caprichos del destino.