DE PELÍCULA

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Por Irán Capote
Pinar del Río.- Como era domingo y ya tenemos cine otra vez en Pinar del Río, se me antojó una tarde cinematográfica. Para la tanda de las tres anunciaban Fresa y Chocolate. Yo tenía todo lo necesario: un pulóver intelectualoide, un pantalón de los que le gustan a Carlos Ernesto Sánchez González, un par de gafas de las que le gustan a Fito Páez , un smartwatch apagado como me enseñó a usar Ebth Sp… También tenía mis botas de siempre… ¡Qué linda estaba el domingo Nemesia con sus zapatos! Y un pelo recién lavado que no se para ni a jodidas, pero que, al caer en cerquillo sobre las cejas, me impregnaba ese aire de cinéfilo tradicional.
Convoqué a Milena Saav , porque ella sí es cinéfila de las de meterse en el cine. Le dije que yo tenía cien pesos, que yo ponía las entradas y ella compraba las palomitas. Llovía. Así que, también cogí un paraguas negro. Vamos, la escena era perfecta. Cuando nos vimos, le dije a la Mile: ¿Dime si hoy no parezco un intelectual Latinoamericano?
– «En todo caso inglés, por esta lluvia. Olvida las palomitas que estamos en Pinar», me dijo mi cita, quién ante mis ojos de hoy se volvía muy Pulp Fiction.
«¡Qué rico volver a tener un cine!» Repetía…
En el portal del Praga, pese al mal tiempo habían varias personas, jóvenes en su mayoría. Me gustó la idea, me gustó.
Voy a la taquilla para sacar las entradas. Las taquilleras, muy amables, eso sí, me dijeron: «Lo siento, será suspendida la tanda porque estamos en apagón…»
Nos miramos cómplices, sin decirnos nada más. Pero estoy seguro que tuvimos ambos el mismo pensamiento: «Un cine acabado de estrenar… Y un apagón más grande que la concretera que alguna vez, dicen, se quedó atascada en la sala de proyecciones.»
Muy amablemente ofrecieron disculpas al público. Y acentuaron en una verdad rotunda: «No es culpa de nosotros. No está en nuestras manos. Lo sentimos».
Me perdí el domingo de Fresa y Chocolate, me despeiné y nos tomamos la Mile y yo, un Frozen de vainilla en Coppelia.
Nos fuimos Cantando bajo la lluvia. Y, por esas coincidencias hermosas que solo ocurren en las películas, recibí el regalo de cumpleaños de Alejandro Céspedes Morejón. Una de sus piezas que hace honor al cine.
Luego regresé a casa, con más ganas todavía de ver una película en una tarde lluviosa. Y cuando fui a encender el TV, el apagón me dio un besito en la mejilla: «Pa´ que no te descríes, dijo…»