LOS ZAPATOS DE LA ESPECULACIÓN

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Por Jorge Luis García Fuentes ()
Hermosillo.- Mi novia me regaló unos sneakers blancos por San Valentín. Dicen que están otra vez de moda, aunque el propósito de ella fue renovar un poco mi escasa zapatería —como buen isleño, soy reacio a deshacerme de mis prendas viejas funcionales y comprar nuevas sólo por placer—. Lo cierto fue que al probármelas tuve un déjà vu a mis tiempos de secundaria.
En la Cuba de comienzos de los ochentas los primeros sneakers —»popis» les decían, décadas después supe que por la marca de zapatos Hush Puppies— llegaban en las maletas de la «comunidad» de La Florida, en la cual yo no tenía a nadie, o bien costaban en tiendas el equivalente a una cuarta parte, o la mitad, de un salario mensual.
Mis padres me compraron unos, pero me prohibieron estrictamente llevarlos a la escuela, que era precisamente donde mejor le funcionaban a un adolescente, para presumir entre sus amigos y potenciales novias, esas que nunca se ligaba. Los «popis» sólo eran «para pasear», pero como aquel paseo se tardaba, me impacienté y, aprovechando que me tocaba horario vespertino y mis padres estaban trabajando, me los puse y me fui con ellos a clases.
Recuerdo la sensación de ir caminando sobre algodones, como pisando nubes. No me importaban el regañón y el castigo al regreso, ir así no podía compararse con la habitual caminata sobre zapatos de cuero comunes —en esa época nos tocaban unos bastante feos, que se sentían como ortopédicos—, los estrené un día cualquiera entre semana y fui feliz.
Ahora he vuelto a serlo, casi sin darme cuenta, y tampoco es día de paseo. Sólo me voy al trabajo.