¡ENCARAMÁNDOME, TRANCANDO Y APEÁNDOME!

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Esteban Fernández Roig
Miami.- Yo no me bajo, yo me «apeo», jamás cierro las puertas, yo “las tranco», y nunca me moriré, yo «cantaré el manisero».
Estoy orgulloso de ser parte de un conglomerado humano creadores del mambo, del danzón, del chachachá, del bolero, de la rumba, del son montuno, y del guaguancó.
Cuando me doy un martillazo en un dedo no digo “Ouch”, grito “¡Coñoo!” No me subo, yo me encaramo. Yo no hago un buen escrito, yo “me la comí”.
No soy de “Wall Street”, soy de Pinillos 463 y de la avenida Juan Rodríguez en el Residencial Mayabeque.
Agradezco al país que nos brinda refugio, pero me encanta alardear de que al final de la jornada ¡compramos «El Refugio»!
Soy parte de un destierro donde todos y cada uno de nosotros, tenemos una larga historia personal que contar. ¡Y la contamos!
Soy cubano, martiano, güinero, Almendarista rodeado de amigos Habanistas. Escucho a Elvis y a Abelardo Barroso, tomo Ironbeer y Materva.
Soy de los locos que aseguramos que “la Coca Cola en la Cuba de ayer era más sabrosa que la de aquí”…
Puedo gesticular e imprimirle tremenda pasión a cuanta cosa quiero expresar.. Me zampo una pizza y la bajo con una Jupiña.
Es que solamente con saber que nuestro país posee el cielo y el mar más azul, la playa mas bella del mundo, y que Adán y Eva verdaderamente nacieron en Cuba, son motivos suficientes para que me resulte muy difícil ser humilde.
No me lo crean, pero vivo convencido que cuando Adán se quitó la hoja de parra, Eva salió de atrás de un tinajón y admirada le dijo: “¡Cosa más grande la vida, muchacho!»