DE JUGAR DESCALZO EN LA HABANA A AMENAZA PARA EL REAL MADRID

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(Tomado de Marca)

Howard Sant-Roos, tras una carrera apasionante, se ha convertido en un referente defensivo del UCAM Murcia, que este jueves se mide a los blancos en el estreno de la Copa

Madrid.- Un chico cubano que con 16 años se va a Italia y juega allí, en Alemania, República Checa, Turquía, Grecia, Rusia y ahora en España. Es la trayectoria vital y profesional de Howard Sant-Roos, jugador de 32 años, 2,01 metros y barba a lo James Harden, que encarna el espíritu guerrero del UCAM Murcia, una de las sensaciones de la temporada ACB y, este jueves (18.00 horas), rival del favorito Real Madrid en cuartos de final de la Copa del Rey.

De La Habana donde nació, a jugar en la Euroliga con potencias continentales como el CSKA o el Panathinaikos. «Estoy muy honrado y contento por la carrera que he tenido. Es un orgullo ser cubano, pasar por todo eso y haber llegado tan lejos», dice Sant-Roos en conversación con MARCA sobre su inopinado viaje. Porque era imposible imaginarlo cuando empezó a jugar al baloncesto por tradición familiar.

En casa lo jugaba su padre, que llegó a ser profesional; sus tíos, que fueron quienes le enseñaron y le hicieron apasionarse por la canasta; y su hermana mayor, «que era muy buena. Si tengo que decir un ídolo, diría que era ella». Pero aquel baloncesto que él empezó a probar distaba mucho del que ahora practica. Por juego: «Era muy callejero, de 1vs1, 2vs2… Se hacía muy poco 5vs5». Y sobre todo por medios.

Howard Sant-Roos dirige un ataque del UCAM Murcia.

«Teníamos muy pocos recursos. A veces se jugaba sin zapatillas, otras veces las mías tenían agujeros enormes y era como si jugara descalzo… Era lo que había. Éramos muy pobres,pero teníamos mucho amor por el baloncesto», recuerda. En una casa de pequeñas dimensiones convivían críos, abuelos, tíos… «No teníamos nada. De ahí creo que a muchos cubanos nos viene la humildad», considera.

Emigrar para intentar mejorar

Howard fue mejorando y su altura ayudaba. Su madre, que iba a verle donde quisiera que jugara, se casó con un italiano y, con 16 años, se mudaron al país transalpino. Se abrían las puertas de Europa. «El cubano siempre se va del país por un mejor porvenir. La idea de mi madre era salir e intentar ayudar a mi familia. Hacer dinero y tener mejor economía para ayudar a los que se habían quedado», cuenta. Empezó jugando en Cuarta División, luego saltó a Segunda y de ahí a recorrer el continente. «Ha habido mucho trabajo para llegar aquí, pero no lo cambiaría por nada».

Su primera experiencia en la Liga Endesa fue en el Casademont Zaragoza. En verano aterrizó en el UCAM Murcia, donde aporta experiencia y polivalencia, pues puede jugar en las tres posiciones exteriores sin problema. «Tengo mis días. A veces, prefiero de alero, otros de escolta, de base…». Porque su físico engaña. «La gente se cree estoy flaco, pero peso 95 kilos. Luego me ven contra rivales altos y fuertes y cambian de opinión», bromea. Promedia 6,3 puntos, 3,8 rebotes, 3,2 asistencias, 1,5 recuperaciones y 10,5 de valoración en 25 minutos. Un poco de todo pero, por encima de cualquier cosa, «juego en equipo y defensa».

Ahí se va a tener que esforzar en el cruce ante el Madrid. Tendrá enfrente a Campazzo, Sergio Rodríguez, Musa, Llull… «Sabemos contra quién nos vamos a enfrentar. Han demostrado hasta ahora que son el mejor equipo de Europa. ¿Cuántos partidos han perdido?», se pregunta. Uno de esos pocos fue en Murcia, aunque los blancos llegaban con importantes bajas: «Aquello da igual. Cada partido es diferente y más en la Copa. Contra el Madrid siempre es duro».

Y casi siempre pasan cosas: Sito Alonso llevando la cuenta de tiros libres en una pizarra, un amago de dejar el partido, un ajustado final con varias técnicas… Lo que no faltará es la seña de identidad del UCAM en las últimas temporadas. «La garra es lo que nos identifica. No estaríamos donde estamos sin ganas y sin energía», finaliza Sant-Roos, cómodo en el conjunto murciano, con el que acaba de renovar, pero que no olvida los orígenes: «A Cuba vuelvo todos los veranos».