EL PESO SEMANAL

0
7
Esteban Fernández Roig
Miami.- ¿Qué representaba un peso para mí? Era lo que me daban los fines de semana desde los 7 a los 17 años y los recibía con tremenda alegría y con muestras fervientes de agradecimiento.
Si los gastaba le decía a mi madre: “Mami, si tú ves lo que me pasó, coincidí en la entrada del cine Ayala con mi prima Walkiria Gómez y no pude pagarle la entrada, qué clase de pena he pasado” … Y lograba de de esa forma que mi madre me buscara otro pesito adicional.
Mis gastos eran mínimos, porque los Reyes Magos me traían ropa para todo el año; la renta y la comida las pagaba mi padre, entonces los pesos eran “para mis lujos”.
Los “lujos” eran la entrada en la tanda del Teatro Campoamor, una frita de Medina, una “gaseosa Fernández” y una caja de chicles Adams. El sábado a los 7 de la noche un “sundae” de fresa en la Dulcería Quintero.
Gastaba 10 centavos en unos caramelos en la vidriera de Faustino Escobio, al lado de la casa de mi primo Juvenal B. Rivero. Muy baratas las croquetas preparadas que me hacía el tío Joaquín Domínguez en la Viña .
Cuarenta centavos me costaba un corazón de res comprado al lado de mi casa -en la carnicería de Quinito Quintero- para mi perra Yeti… Los domingos a las 11 de la mañana echaba un real en el cepillo de la Parroquia San Julián de los Güines.
Del peso también salían viajes en ómnibus al Cotorro para visitar a Joaquín Bin y batidos de mamey en la frutería de Sendo.
Como mi hermano casi no gastaba y guardaba sus pesos me los prestaba con intereses, así es que a los 11 años se convirtió en mi “garrotero”.
Cuando salí de Cuba al despedirse mi hermano me dio un billete de cinco pesos con la foto de Máximo Gómez, me los metí en el bolsillo del pantalón obsequiado por María Cobas la mamá de mis primos María Mercedes Quintero y Jaime Quintero.
Y Carlos Enrique me dijo: “Y… no te vayas a olvidar en los Estados Unidos que me debes 10 BAROS americanos con la foto de Alexander Hamilton”…