LA HISTORIA DETRÁS DE LA FOTO (XVII)

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Por Anette Espinosa
La Habana.- Para dar la imagen de que es un gobernante de pueblo, de esos que prefieren andar por las calles codeándose con las masas y no encartonados en una oficina refrigerada, el mandatario cubano, Miguel Díaz-Canel, se escapa de vez en cuando por ahí, a hacer el rídículo entre la gente.
Lo mismo llega con su séquito, cada vez más numeroso, a un lugar en Maisí o en Río Cauto, donde trabaja una mujer en unos canteros, y se queda absorto escuchando las explicaciones de los dirigentes locales, quienes aprovechan la visita del que supuestamente quita y pone para congraciarse e intentar ganarse un ascenso, que visita industrias locales para ver cómo alguien, incluso un productor individual, saca provecho del entorno y progresa en algo.
Es normal verlo frente a una plantación de 20 metros cuadrados de lechuga, a la entrada de un sembradío de yuca, en una fábrica que no produce, pero que una mujer la mantiene limpia. Va siempre rodeado de barrigones, porque si algo hay en Cuba es comida para los dirigentes. Esos no pueden pasar hambre y se les nota.
Y el Hombre de la Limonada, como lo llama el colega Jorge Sotero, prefiere visitar esos lugares que enrolarse en análisis con dirigentes del Partido Comunista, o con la población, que siempre tiene algo que reclamarle, aunque él nunca cumpla con nada.
La última foto, la que acompaña este trabajo, muestra al mandatario muy atento, escuchando la explicación de alguien, en un lugar donde producen sirope, yogurt, refresco de tamarindo, y alguna otra cosa que no se distingue bien, pero que envasan en recipientes reciclados.
El lugar parece extremadamente pulcro, algo que no es muy común en la Cuba actual, pero los envases, que son para desecharlos, ellos los reciclan, porque ni para producirlos tiene capacidad el país.
No tengo audio del momento, pero me imagino las exhortaciones posteriores del jefe de Estado a que imiten todo eso en otros lugares, a que se extienda la experiencia, a que se generalice el proceso. En ese momento seguro que alguno lo aplaudió, pero luego esos mismos se preguntarán cómo lo van a generalizar, cómo podrán en otros sitios hacer algo parecido.
Un país no puede andar bien cuando el presidente, que está para cosas grandes, se enrola en este tipo de escaramuza. Y saben por qué pasa esto: porque este señor no está preparado para encabezar ningún país, para luchar por un pueblo. A él lo colocaron como presidente en 2018 y le dijeron que gobernaría por 10 años y cree que preservar el puesto ya sería suficiente.
No conoce de nada, no sabe de nada, apenas sabe leer, no domina la oratoria, es torpe hasta para caminar, no tiene capacidad de polémica, ni tiene liderazgo ni para ser tirano. Su futuro -él lo sabe- está ligado a la voluntad y la vida de Raúl Castro. Lo explico: si mañana Raúl Castro quiere quitarlo, lo hace y no pasa nada. Él lo tiene claro, como también sabe que el día que el nonagenario dictador muera, tiene que partir, auqnue aún no tiene claro a dónde.