EL DIOS DE PISADAS BENDITAS

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Por Oscar Durán

la Habana.- No lo dije yo, por si acaso. Fueron varias pobladoras de Río Cauto quienes exclamaron -erizadas y emocionadas- que ver a Miguel Díaz-Canel en el pueblo fue como si el Dios Fidel estuviera de vuelta. Expresaron, además, que Canel tiene unos pies benditos y se comprometieron “a dar el todo por el todo por la revolución”.

Las señoras, quienes deben cobrar una jubilación que no les alcanza para comprar un cartón de huevos, se convirtieron este fin de semana en la burla de las redes sociales por estar dando declaraciones absurdas en medio de una crisis sin precedentes en el país. Las pobres, ni ellas mismas están conscientes de su mayúsculo disparate, incluso, aseguraron de que “vamos a mejorar”.

 ¿Mejorar qué cosa? Mírense primero – lo digo con todo respeto- y analicen la pobreza mental y material que tienen. Un territorio olvidado por la dictadura y que la visita de un sinvergüenza sea todo un acontecimiento y lo vean como Dios. Se llama ignorancia y los riocautenses la tienen en su máximo esplendor.

Definitivamente tenemos lo que nos merecemos. Un tipo llega en un auto de último modelo, se baja con su cara bien rosadita, empieza a hablar cualquier tipo de sandeces y la gente lo recibe como si fuera un Dios. Estoy por pensar que estamos poseídos y no precisamente por Dios.

¿Qué aportó Canel con esa visita? ¿Cuántos problemas se resolvieron en Río Cauto? ¿A partir de ahora el municipio granmense tendrá prosperidad? Nosotros porque tenemos mala memoria, pero si analizamos bien todo este teatro, nos damos cuenta de que Cuba no tiene arreglo. 

Hace unos días, el propio Díaz Canel expresaba en Baraguá que empezaría recorridos por los municipios donde las cosas no funcionan. Para mí, Río Cauto no entraba dentro de esa gira por ser la sede del acto por el 65 aniversario del triunfo de la revolución y le otorgaron la Condición de Vanguardia. El Partido Provincial, después de un “exhaustivo análisis”, valoró la integralidad y estabilidad de los indicadores económicos del municipio. Vaya, ahí tienen, a modo de recuerdito.

Este país terminó hace rato. Lo que nos va quedando es la burla y reírnos de nosotros mismos. No más que eso. De tanta hambre, ya nos nublaron hasta la coherencia. Si alguien conoce el teléfono de la Pública -no deben tener celulares- donde viven las señoras del video, háganmelo llegar. Necesito llamarlas para ver si a través de ellas puedo hablar con el Dios de pisadas benditas. Quiero pedirle un poco de azúcar porque no tengo ni para endulzar el café. 

Fíjense que les estoy diciendo esto y me erizo.