CUADRANDO LA CAJA

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Por Carlos Cabrera Pérez
Madrid.- Una vez conseguido sumir a la mayoría de los cubanos en la miseria y desigualdad, rasgos de la cultura de la pobreza e indefensión aprendida, el tardocastrismo apuesta por un mini CLAP chavista y que el resto lo asuman la solidaria y generosa emigración y las minipymes, que no tendrán acceso a la banca estadounidense.
Las listas en los accesos a los salones de operaciones con todo aquello que el paciente debe resolver para poder ser operado, retrata la miseria made in comunismo de compadres, que se ha apuntado otro éxito con las tres o cuatro libras de azúcar por la OFICOLA.
El resto es droga (mezcla de Fentanilo con un medicamento para equinos y polvo de las destruidas paredes, pues el talco voló como Matías Pérez, y mucha actividad nostálgica en la red, donde papagayos de la dictadura más vieja de Occidente cantinflean a gusto sobre lo que pudo haber sido y no fue.
La oposición castrista (esto con Fidel no pasaba) sigue instalada en el diagnóstico con soluciones que no tocan la naturaleza totalitaria del pan con na, porque formaron parte de la demencia impuesta por el máximo destructor de la nación.
La oposición está sometida a cárcel, destierro y gardeo a presión, incluidas presiones ginecológicas para encarceladas y otras mañas de los delincuentes del FARINT.
Estados Unidos vive un año electoral y Cuba ya es asunto menor, anacronismo que no afecta el estatus quo del mundo en 5G, que la contempla como el museo etnológico de la barbarie.
¿Qué necesidad tienen los piratas del Caribe en cambiar, si así les va bien? Y visto el pánico que desató en ellos la reacción al amago de paquetazo, la isla se ha dividido en una mayoría que padece hambre de alimentos, medicinas e higiene, una minoría que apuesta por la democracia como la única salvación posible del naufragio y el grupito en torno a Raúl Castro con abundantes fusibles intercambiables, como son los recién nombrados ministros.
Un gobierno al que todo le sale mal porque -en esa clave- está su salvación, esfuerzos constantes y premiados, pero sin resultados porque la prosperidad y la felicidad son enemigas de la casta verde oliva y enguayaberada, atrincherada en sus muros de papel y en sus piscinas con barbacoa.
Si alguien tiene tiempo, que revise el nuevo Consejo de Ministros, para que constate que cada vez compiten en mediocridad, sin atreverse a superar a Díaz-Canel y Marrero, eficaces productores de presos, desterrados, inxiliados y famélicos dependientes, como ese hombre del piano que tiene conmovida a la blogosfera cubiche.
Nunca antes brilló más alto un estadista, dijo el Che y, desde entonces, nadie sabe quién apagó la luz.