LA FELICIDAD, SEGÚN PLATÓN

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Por Joaquín de la Sierra

Madrid.- ¿Alguna vez te has preguntado qué se necesita para vivir una vida plenamente feliz? La búsqueda de la felicidad no es un concepto moderno; ha sido una inquietud central de la humanidad a través de los siglos, moldeando filosofías y dictando modos de vida. Sin embargo, la clave para alcanzar esta anhelada felicidad podría no residir en donde la mayoría suele buscarla.

Este enigma, explorado profundamente por los antiguos pensadores, nos lleva a la puerta de uno de los filósofos más influyentes de la historia. ¿Pero cómo conectó este filósofo la virtud con la felicidad, y qué podemos aprender hoy de sus enseñanzas?

Platón, estudiante de Sócrates y maestro de Aristóteles, se sumergió en la profundidad de esta interrogante, navegando por las aguas de la ética antigua con una pregunta guía: “¿Cómo puedo ser feliz?”.

Para Platón, la felicidad, o eudaimonia en griego, trasciende el estado emocional o el humor para enraizarse en el concepto de florecimiento humano. Según él, vivir una vida buena y plena es el verdadero significado de ser feliz.

Esta noción de felicidad está intrínsecamente ligada a la virtud o areté, la cual define como la excelencia o disposición que permite a cualquier entidad cumplir bien con su función característica. Así, la virtud humana es aquello que posibilita a las personas vivir vidas valiosas y significativas, conectando indisolublemente la felicidad con la virtud.

La indagación de Platón y Sócrates sobre las virtudes —valentía, justicia, piedad, modestia o templanza, y sabiduría— no buscaba definiciones superficiales, sino revelar su verdadera esencia y cómo la posesión de estas virtudes capacita a uno para alcanzar una vida plena.

Esta búsqueda de definiciones «reales» de virtudes subraya la creencia de que comprender y cultivar estas cualidades es fundamental para el florecimiento humano. En última instancia, Platón nos invita a considerar que la verdadera felicidad surge de una vida de virtud.