EL DÍA DEL SON Y SUS POLÉMICAS

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Por Alden González Díaz

Santiago de Cuba.- Fue a finales de marzo de 2009 que hablamos por primera vez de la posibilidad de celebrar en Cuba un Día Nacional del Son, en público, durante la conferencia de prensa del Festival MatamoroSon de ese año, celebrada en la Casa de la Música de la EGREM de Santiago de Cuba, mi lugar de trabajo en ese tiempo. Ya en la inauguración del evento, días después, Adalberto lo anunció a la gente que asistió al teatro Heredia aquella noche.

Y sí, lo que visualicé siempre fue algo similar al Día Nacional de la Salsa que cada marzo se celebra en Puerto Rico. En nuestro caso un día, sólo un “diíta” de los 365, íntegramente dedicado al son, con grabaciones y música en vivo, de San Antonio a Maisí, con una sede central rotativa y dedicatorias significativas cada año.

Espero que los que estaban en dicha conferencia de prensa recuerden que además de hablar de un día para el son hablamos de la importancia de trabajar para declarar al son patrimonio inmaterial de la humanidad, teniendo en cuenta lo sorprendente que era para nosotros que cualquier manifestación musical nacional precediera al son en dicho empeño. Recordemos que la tumba francesa lo logró en 2008, estaba bien reciente el efecto sorpresivo. Pero Adalberto fue claro de inicio y nos dijo que en primera instancia le iba a “meter mano” a lo del día del son, que lo del patrimonio inmaterial lo veía más complicado.

También es importante aclarar que nuestra propuesta inicial fue la de hacerlo en una fecha impersonal, estilo equis sábado de tal mes, luego hicimos la propuesta del tercer sábado de octubre, pues siempre cae en el marco de la jornada por la cultura cubana. Mucho después, en 2017, y tengo que reconocer que ya con menos entusiasmo y algo tarde, propusimos en diversos instancias que ese día del son cubano fuera en febrero, con tónica similar: cualquier sábado del segundo mes a partir de 2018 precisamente para comenzar celebrando por todo lo alto el centenario de la primera grabación de son. Gran oportunidad para reverenciar al son recibida con poco entusiasmo en cada espacio en que lo expresamos, para no decir que ni caso…

Entre tanto aporte valioso a la nacionalización del son, a su consolidación y a su internacionalización prefiero no absolutizar, respeto demasiado a todos esos grandes. También respeto muchísimo a toda la gente estudiosa del son que tiene criterios sólidos para decantarse por una u otra figura a la hora de jerarquizar importancias. Por eso yo, a pesar de ser rotundamente “arsenista” considero que el día del son no debería ser en fecha fija. Tampoco estoy a favor de regionalismos, para mí basta con que el son (el género) sea cubano y con que el son (el complejo) sea lo más internacional que hemos engendrado los cubanos. Pero bueno, a falta de pan casabe, si para que exista tiene que ser el 8 de mayo, pues bienvenido. Pero ahora viene la pregunta: ¿en la práctica qué importancia tiene el 8 de mayo para el público nacional?

Quien quiera sentirse satisfecho que lo haga, es su derecho; pero este que escribe (que ya queda claro quién es) considera que todo lo que –no- acontece hoy en día en Cuba con el son es una derrota, absoluta. Empezando con el hecho de que a finales de marzo se cumplirán quince años de aquel germen, ¿y qué ha pasado? Nada, la juventud de Cumanayagua, San Cristóbal o Cacocum ya ni sabe lo que es el son (ojo: me refiero al complejo, no sigan durmiendo de ese lado).

¿Qué hace falta para tener un día al año en el que se escuche y se baile son (el complejo) por 24 horas de San Antonio a Maisí, tocado y grabado? Es simple: amor (al son, no a la cifarra). Es más simple: respeto (a Adalberto, no a los cifarreros). ¿Presupuesto? Va y basta con un cuarto del que se destina al Jazz Plaza.

Lo que va a pasar este 8 de mayo ni el médico chino lo sabe; pero ese mismo médico chino sabe que en Borinquen el mes que viene estarán celebrando 40 años ya del Día Nacional de la Salsa y que van a tocar Los Van Van.