LA LENIN, HISTORIA Y MEMORIA

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Poe Mauricio de Miranda

La Habana.- Hace un par de días vi la Mesa Redonda dedicada a los 50 años de la Escuela Lenin. Me llamó poderosamente la atención el desconocimiento que el actual director tiene de la historia de la Escuela y algunos vacíos que aparecieron ante el desconocimiento de la periodista Arleen Rodríguez, quien, por supuesto, no tiene que saber todo, y su función era preguntar a quienes debían saber. Es decir, el desconocimiento que pudiera tener la periodista es legítimo, es el de cualquiera que no hubiera vivido aquella experiencia.

Comenzaré por las cosas que me parecieron bien. Primero que todo, me emocionó ver a la profesora Mirtha Ojeda, con esa lucidez tremenda a sus 82 años. No me extraña, esa generación ha sido lúcida, a pesar de muchas circunstancias adversas. Nunca fue mi profesora, pero me emocionó verla allí, siendo fundadora, como yo como estudiante, de nuestra querida Escuela.

En un reciente y sentido post de nuestro profe de computación Néstor Del Prado, vi fotos que me llenaron de nostalgia al ver a mi profesora Juana Casal, a Demetrio, a Alicia, a Braulio, etc.

El director debería estudiar bien la historia de la escuela. Aclaremos algunas cosas.

Efectivamente, como bien dijo la profesora Ojeda la escuela tuvo sus orígenes en la Escuela Vocacional de Monitores de Vento. Ojo, nunca se habló de ese «otro apellido», Monitores. Comenzó efectivamente en Vento y cuando creció se extendió a La Coronela. Cuando yo ingresé en 7º grado en 1969 la Secundaria estaba en La Coronela y el Preuniversitario en Vento. Francisco Chávez dirigía el Preuniversitario y Reina Mestre la Secundaria.

En La Coronela pasé mi 7º y 8º grados. En 9º pasamos a una zona que se llamaba entonces Fe del Valle, pero puede ser que antes se llamara Loyola. Apelo a mis mayores para que me aclaren si es así. Recuerdo que era una zona más bonita que La Coronela.

ARQUITECTURA CUBA: Escuela vocacional “Lenin” en La Habana.Ya desde entonces sabíamos que pasaríamos a una nueva Escuela que se estaba construyendo. Y efectivamente, en nuestras vacaciones de 1972, los estudiantes fuimos convocados a Brigadas de Trabajo Voluntario para ayudar en la construcción de la escuela. íbamos por 15 días de nuestras vacaciones. No recuerdo una sola de mis vacaciones que pudiera disfrutar completamente porque siempre éramos convocados a donar parte de ellas en trabajos físicos «voluntarios».

Sin embargo, debo reconocer que, aunque prefería estar en la playa, iba con la conciencia clara de que aquello era importante para el país y por tanto, un sacrificio necesario para un bienestar futuro. Por supuesto, me equivoqué, pero lo hice siempre con responsabilidad y entrega.

Recuerdo que en las vacaciones de 9º a 10º grado trabajamos 15 días en la construcción de la Escuela. Fue mi primera vez cargando carretillas de cemento, encofrando, usando el nivel que nos habían enseñado en los cursos de Educación Laboral que daba el querido profesor Guerrero, quien nos ponía a marchar y nos daba aquellas clases que supuestamente nos preparaban para la vida. Cuando vi «Fresa y Chocolate» y el personaje de Diego le dice a David que «con un ladrillo en la mano, dónde lo pongo…», siempre pensé que nosotros sabíamos dónde ponerlo.

Usamos el pico y la pala, hicimos mezclas, medíamos, cargábamos ladrillos y en la noche, Bouclé, Pancho y Fuxá y otros hermanos que tenían el don de la música nos deleitaban con sus guitarras y a veces, lográbamos esconder algún roncito o unas cervezas para amenizar.

A mí, Dios o la naturaleza no me dieron el don de las artes, aunque si me permitieron apreciarlas en toda su dimensión. Siempre admiré a quienes brillaban en los grupos musicales, en las danzas y en la famosa banda de nuestra escuela. Yo hice lo que pude en los juegos interescolares de ajedrez, donde defendí el segundo tablero de la escuela y en otras el tercero y el cuarto.

Al siguiente curso 1972-1973 entramos finalmente a La Lenin, quienes estudiábamos en 10º, 11º, 12º y 13º. En ese momento se produjo la unificación en la Lenin de Vento Secundaria y Pre y el «Cepero Bonilla». Fue una unión prodigiosa. Lejos de una posible competencia, enseguida formamos una hermandad.

La Escuela Lenin, 47 años después: ni sombra de lo que fueEn ese curso, estudiábamos durante media jornada y en la otra trabajábamos en la construcción. Seguimos con las carretillas, las palas y los picos y los ladrillos que sí sabíamos dónde ponerlos, con la dirección de los trabajadores. Llegábamos extenuados al albergue. Para valorar el trabajo físico duro no hay mejor lección que hacerlo.

Para algunos de nosotros ese fue un año muy duro. Fue la convocatoria al 2º contingente del Destacamento Pedagógico.

Nuestro director, Francisco Chávez, quien después fue el primer director general de la Escuela y Reina Mestre, vicedirectora general cuando al año siguiente teníamos a todos los grados en la escuela, desde 7º hasta 13º, se había comprometido con Fidel Castro en que el 100% del 10º grado «daría el paso al frente». No nos había consultado, había asumido que todos iríamos en manada.

Hago una digresión en este momento para explicar que debido a una escasez de maestros en secundaria, el año anterior se había convocado a la formación del Destacamento Pedagógico «Manuel Ascunce Domenech» para los estudiantes de 10º grado que en lugar de pasar a Bachillerato se formaran como maestros en cinco años y recibirían un título universitario como Profesores de enseñanza media (luego debieron estudiar dos años más, como todos para recibir sus licenciaturas). Muchos estudiantes brillantes se incorporaron, se perdieron científicos brillantes (aunque algunos lo fueron después) pero se ganaron profesores brillantes.

En el curso 1971-72 el 100% de los estudiantes de 10º grado decidieron «dar el paso al frente». Al curso siguiente, 41 de algo más de 150 dijimos que no. Aquello fue como un «jarro de agua fría» para los dirigentes de la Escuela. Chávez le había dicho a Fidel, sin consultarnos, que el 100% diría que sí. Yo había decidido que diría que NO. Mi decisión era firme e irreductible. Y como yo, otros 40.

Creo que en ese curso maduré. Los 41 tuvimos que enfrentar múltiples presiones políticas y psicológicas. Nos despertaban en la madrugada para entrevistarnos con el «duo» del Partido. A ellos invariablemente les decíamos que, por supuesto, teníamos un compromiso con «La Revolución» y de verdad lo creíamos, pero que ese compromiso no tenía que cumplirse siendo solamente maestros, sino que también podría ser como médicos, economistas, ingenieros o abogados o dedicados a las ciencias o a las artes. Siempre nos presionaban diciendo que era un «llamado de Fidel». Esa mala costumbre de considerar a la sociedad como una masa inerme que puede ser movida de un lugar a otro, según conveniencia del liderazgo. Cualquier semejanza con «1984» de Orwell es pura coincidencia.

Confirman cierre parcial de emblemática escuela vocacional Lenin en La  HabanaEn el orden personal tuve que sufrir la acusación infundada de que yo era el líder del NO. Y quienes leen estas notas y estaban en aquellos días saben que no había líderes, solo algunos que a veces tomábamos más la palabra, pero es parte de un discurso que minimiza la inteligencia y la capacidad de cada cual de decidir su destino conforme a sus propias reglas. La vida ha demostrado que esas 41 personas habíamos decidido construir nuestras vidas acorde a lo que cada cual pensaba que era mejor para sí y para la sociedad.

Fue un año duro, pero resistimos. Los 41 nos mantuvimos en nuestra posición. Conozco que en un Consejo de Dirección se valoró expulsarnos y el propio consejo recomendó no hacerlo, considerando que «en teoría» la inscripción al Destacamento era «voluntaria». Habría sido un escándalo porque en esa lista estábamos varios de los primeros expedientes, incluidos siete de los diez primeros.

Al año siguiente todo fue mucho mejor. Se poblaron las aulas y albergues que habíamos ayudado a construir. Ya no éramos los «chamas» de la Escuela. Ya estábamos en 11º grado, el primero de Bachillerato, pero llegaron los que entraron a 7º y quienes ya venían desde Vento de 8º a 10º.

En aquel entonces, a diferencia de lo que afirmó el director en la Mesa Redonda, la Escuela no se dividía en «Unidades». Eso fue mucho después. La estructura era una dirección general y vicedirección general, Chávez y Reina, respectivamente, y unas subdirecciones generales en Docencia, Disciplina y Orientación Vocacional y unas jefaturas de Departamentos por asignaturas. Luego había una dirección de Pre y otra de Secundaria con sus subdirecciones y jefaturas de cátedra. En el curso 1975-76, que fue el último de mi estancia en La Lenin, en mi 13º grado, la Escuela había crecido tanto (tenía ya 4500 estudiantes) que se decidió hacer direcciones por grados.

Al director actual de La Lenin le pueden decir que las Unidades se hicieron mucho después.

Sobre el tema de las graduaciones, el director dijo que los graduados de la graduación Cero, ya de «avanzada edad», habían ido a poner una tarja y que habían sido quienes construyeron La Lenin. Menos mal que Arleen le aclaró eso de «avanzada edad», porque por mis cuentas ninguno de ellos debe tener 70 años, aunque estén cerca. Pero para que el director lo sepa, no solo ellos construyeron la escuela, también lo hicimos quienes estábamos en años inferiores. Y yo soy del grupo de los «más jóvenes» que comenzamos en ella en nuestro 10º grado.

No entiendo por qué hablan de una graduación Cero. No importa que no estuviera inaugurada. La inauguración fue solo formal en 1974. La Escuela Lenin existía con ese nombre desde 1972 y los primeros graduados fueron los que se graduaron en 1973. No hay graduación Cero, esa es la graduación Uno.

Yo se que los actuales graduados se identifican por el número de graduación, nosotros lo hacíamos por el año. Así las cosas, la graduación de nuestro polémico y complejo año, que le dio más de un dolor de cabeza a las estructuras del Partido y la UJC y a la dirección misma de la Escuela, fue en 1976, es decir, la 4ª graduación, porque creo que es justo reivindicar la graduación de los primeros aunque fue antes de que fuera inaugurada oficialmente.

Quisiera referirme, además, a unas palabras del director de la Escuela en la Mesa Redonda, cuando dijo que «los enemigos han criticado el estado en el que se encuentra la Escuela» poniendo fotos que ya no se corresponden con el área de la Escuela. Eso, por supuesto, está en línea con el discurso oficial que considera «enemigos» del país a quienes critican las políticas del gobierno porque ellos mismos se identifican como si ellos fueran «El País». Yo tengo otra mirada. Para mí, empobrecer al país y someterlo es ser enemigo del país, pero esa es otra historia, aunque lo afirmo de forma bien clara.

No, señor director, a quienes nos duele el estado constructivo de nuestra escuela es precisamente a quienes sudamos construyéndola. Tenga un poco de respeto por eso. Lo hicimos con amor, con dedicación y con confianza en un futuro que no ha sido el de nuestra Patria.

Cubano recorre la Escuela Vocacional Lenin: Es un fiel reflejo de la  desgracia que sufre nuestro pueblo - Todo CubaEntonces, se produjo el momento en el que el director contó que el presidente actual le preguntó por la piscina olímpica (por cierto, son dos, más un tanque de clavados, el tanque, cuyas escaleras y trampolines guardan, por cierto, muchas historias secretas de amor y más … lo dejo ahí… jajaja. Y en tono de reverencia, mencionó las palabras mágicas del presidente: «No, un sueño del Comandante en Jefe no puede llenarse de escombros» al referirse a que algunos «genios», «comisarios de la chapucería», habían recomendado llenar de escombros la piscina. El joven estudiante que luego fue llamado comentaba en un castellano apenas comprensible que allí hacían sus Champions League. Muy jocosamente, pero para mí lleno de tristeza. No, la Escuela debe resurgir no porque sea un «sueño del Comandante en Jefe», sino porque puede seguir siendo un sueño de nuestro país, pequeño, pero con inmensos deseos de muchos cubanos de hacerlo progresar EN LIBERTAD.

Lo digo, porque mi deporte era la natación. La piscina era casi nuestro templo. De hecho, nos tenían prohibido usarla excepto en las clases de natación, polo, clavados y nado sincronizado las niñas. Pero muchos de nosotros queríamos estar en ella todo el tiempo posible. Y a veces cuando nos reprendían por estar en ella sin permiso, le decíamos al guarda unos nombres que él anotaba con rigurosidad para pasar luego a la dirección: Miguel de Cervantes, Jacinto Milanés, Juan Rulfo, René Descartes, William Shakespeare (¿cómo e escribe? preguntaba el buen hombre, hoy me da pena eso, pero entonces teníamos 14 y 15 años), etc.

Sobre esto tengo una anécdota. Un día, vimos pasar varios jeeps por la carretera detrás de la escuela, la que establecía el límite entre ella y el huerto y las fábricas de implementos deportivos, radios y pilas. Inmediatamente asumimos que era Fidel y corrimos hacia allá. Los jeeps pararon y él descendió y se puso a conversar con nosotros. Nos preguntó por qué estaba vacía la piscina y le dijimos que no nos permitían usarla salvo en clases de natación, polo, clavados y nado sincronizado. Entonces dijo que hablaría con Chávez sobre eso porque esas piscinas había que usarlas. Esto yo lo viví, nadie me lo contó. Yo estaba allí y obvio que fui uno de los que «argumenté».

Arleen mencionaba como algo maravilloso (que realmente me conmovió positivamente) el sentido de pertenencia que teníamos los graduados de la Lenin y el hecho de que muchos sobresalían en sus campos de conocimientos en otros países. Pero esas palabras fueron un dardo que me llegó hasta lo más profundo de mi corazón, porque lo que tenía que haber ocurrido es que todos nosotros, absolutamente todos, hubiéramos podido contribuir al desarrollo de nuestro país EN LIBERTAD, no como simples peones, no como siervos, sino como ciudadanos libres comprometidos con el destino de la Patria. Para eso fuimos formados no solo en la Escuela, sino sobre todo en nuestros hogares.

Me gustaría que el director abandonara ese discurso tan en boga hoy en día de considerar enemigos del país a quienes hacemos críticas. Yo no soy enemigo del país. Yo soy enemigo de la chapucería, de la desidia, de la irresponsabilidad, de la falta de libertades, del autoritarismo, pero si mañana me tocara chapear la maleza que hoy cubre varias zonas de la escuela, si tuviera que volver a cargar carretillas para reparar lo que otros con su negligencia destruyeron, lo haría con gusto, no solo por La Lenin, sino por Nuestro País. Eso sí, como CIUDADANO LIBRE DE UN PAÍS LIBRE.