LA MEDIOCRE Y CRIMINAL «CREATIVIDAD» ACELERA LA SEPULTURA DEL CASTRISMO

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Por Joel Fonte
La Habana.- Ninguna dictadura es buena; ni las de izquierda, ni las de derecha.
Todas son dañinas por cuanto suponen un retroceso en el largo camino de la humanidad por alcanzar mayores libertades, mayores logros económicos, políticos, sociales, culturales…más grandes avances que solo son pensables en un contexto democrático pleno, donde el hombre encuentra la motivación para explotar todas sus potencialidades, edificando su propia riqueza y aportando con ello al bien común.
Por eso todas las dictadura deben ser condenadas, enfrentadas.
Algunas, sin embargo, al costo de cercenar otras libertades, han propiciado índices de estabilidad económica. Ha sido así, sobre todo en la época contemporánea, en Europa, y en nuestro propio continente, en Suramérica.
Pero la dictadura castrista es doblemente aborrecible porque no solo ha mostrado desde su inicio hace 65 años una enorme incapacidad para administrar los recursos materiales, financieros y humanos del país, -destruyendo a la par el legado de décadas republicanas en las que Cuba destacaba por una prosperidad verdadera, lograda a golpe de trabajo e ingenio, y que solo requería abarcar, extenderse más a la sociedad- sino porque ese proceso de destrucción desequilibrado, enfermo, jamás ha sido admitido, y si ocultado por tales profetas de la miseria, el hundimiento y la mentira.
Lo ocultaron primero siendo sostenidos económicamente por la unión soviética en su proyecto de colonización universal, y luego apelando a culpar a todo y a todos de su manifiesta y vil incapacidad.
Lo que ahora mismo está viviendo nuestro país es consecuencia de ese proceso degradante, es su última etapa, el descalabro final.
Es impensable que un sistema tan corrupto, construido sobre pilares tan débiles como la represión, la manipulación masiva de la sociedad, y la violencia en todas sus formas, pueda sostenerse por mucho mas tiempo.
Por eso es tan importante -en un contexto en que los medios de información son herramientas del Poder y se subordinan en consecuencia a su fines- hacer todo para que la gente entienda esa Verdad; que cada vez más y más hombres y mujeres, adolescentes, jóvenes, viejos, entiendan que es el sistema el que tiene que ser eliminado, barrido de la historia de Cuba.
Así como mueven hoy su tablero de ajedrez, sustituyendo al ministro de economía, al otro y a otro…asimismo «borraron» de su nómina de fracasados-privilegiados a otro de los artífices del «reordenamiento», Marino Murillo, hace ya mas de un año, y nada cambió para la vida sufrida de este pueblo.
Nada ha cambiado en décadas, sino para empeorar, para más y más sufrimiento de los cubanos.
Lo insisto: el comunismo, como concepción marxista; el socialismo -en todas sus corrientes – o cualquier otra forma de organización política de la sociedad que implique su estatización, su colectivización, están condenados al fracaso, por cuanto establecen el principio de que el interés privado tiene que ceder al de la colectividad, y para velar por esa colectividad se instituyen poderes que ágilmente devienen en regímenes totalitarios, que se corrompen, que limitan libertades de los gobernados, y que terminan siendo mayores enemigos de esos pueblos que el individualismo que pregonaban combatir.
Y es que el Poder genera corrupción, vicios; el Poder es un cáncer que hace metástasis en su portador luego de poseerlo por un tiempo excesivo.
Y el Castrismo sabe de eso; sí que lo sabe…