VISITA EN PLENA TORMENTA

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Por Javier Bobadilla ()

La Habana.- El miércoles llegó mi hermanito a Cuba. Se fue en el 2008, vino de visita en el 2010, y volvió a visitar ahora.

En otro caso, para mí sería lingüísticamente incompatible un hermanito de 41 años y seis pies dos pulgadas de alto. Como el caso es mío, lo entiendo perfectamente.

Hace años, al principio de este asunto, estuve plenamente convencido de que alguien, en algún momento, iba a pagar por esta separación. Pasó el tiempo. Fui perdiendo al/los culpables. Hoy en día, no sé a quién cobrarle ni cómo. Mi hermano hizo una vida. Se compró un pedazo de tierra, se construyó una casa con sus propias manos, vive en un bosque frente al mar helado que vió hundirse al Titanic.

Mi vida también tomó un rumbo imprevisto. Las piedras siempre fueron parte del camino. Lo importante no es el destino, sino el viaje. Y por ahí pa’ llá, una pila de dichos de ese tipo, así como que del Zen.

La gente sigue acercándoseme, e invariablemente se discute de política. La mayoría del tiempo mi hermano no tiene ni puta idea de lo que se está hablando. No me importa.

Sentado con él, de reojo veo volar los ministros, y aunque me sigan llamando para que diga algo de eso, hasta el fin de semana que viene, no cuenten conmigo. No me sirve de venganza, ni veo cómo los nuevos ministros van a reparar un daño de medio siglo antes de que llegue el verano.

Mi hermanito visita Cuba por primera vez en 14 años, y llega en plena tormenta.