TE LO ADVERTÍ, GIL

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Por Pablo Alfonso (Especial para El Vigía de Cuba)

México DF.- Hace poco más de un mes, justo el 29 de diciembre, desde nuestro periódico, le aconsejé a Alejandro Gil, ya exministro de Economía y Planificación de Cuba, que no fuera tan Gil. Que llenara las maletas de dinero y se largara a Tenerife, España, donde vive su hermana María Victoria.

Pero el hombre es tan Gil, que no me hizo caso. Sé que leyó mi artículo. Incluso, dijo: «¡qué estúpido es el Pablo Alfonso ese, no lo reconozco!».

El tipo se creyó infalible. Se creyó el cuento de ser de la manada de los Castro. Olvidó que siempre es mejor una retirada a tiempo.

Uno de mis ídolos del béisbol cubano fue, y será, Braudilio Vinent. El Meteoro de La Maya, sin dudas, fue un astro del box, pero no supo retirarse a tiempo. Cuando estuvo lejos de su mejor forma, le conectaban con facilidad. Y ese sí era el dueño de la bola, ese sí lanzaba, y duro siempre.

En cambio, tú, que no lanzabas nada que sirviera, cómo se te ocurrió mantenerte en el box. Si tú recibías más señas que Vinent. Las bolas que te decían que lanzaras, sabías bien que no eran las indicadas.

Aunque hay que reconocer que lo que hiciste fue ponchar una y otra vez al cubano que no les lame los pies a ustedes. Ese que no creía en ti, el que trató de batear tus lanzamientos, pero de verdad, eran indescifrables. Tus rectas en ocasiones llegaron a 90 millas. Tu tenedor fue más fuerte que el de José Ariel Contreras. Muchos cubiertos casi se oxidan por tu culpa. Muchos cubanos pasaron hambre durante tu mandato. Desde tu montículo, desde tu altura, no fuiste capaz de verlo.

Claro, tú no eres el principal culpable: eras uno más. Tú hacías lo que te decía el mánager del equipo más malo del mundo. Sé de sobra que Joaquín Alonso, el nuevo ministro, tampoco va a resolver el problema de la lejanía de caldero en Cuba. Ni tampoco, el que lo sustituirá a él. Sí, porque a él también lo van defenestrar, como a tantos. Y más a este Alonso, que viene de presidente de un banco, que ni Cuba reconoció en el tribunal de Londres.

Vendrá otro, y otro, ministro. Y el cubano seguirá en las mismas. La solución no es cambiar al hombre, la solución está en cambiar el sistema que, por mucho, ha demostrado que es inoperante, que no sirvió.

Gil, te perdiste la posibilidad que Dios te dio. No supiste aprovecharla. No te enfrentaste nunca al poder. Todo lo contrario, fuiste parte del desastre. Tu hermana, desde su comodidad de Tenerife, trató de defenderte al máximo, dijo que eras un tipo humilde, honesto e inteligente. Tu actuar sepultó las palabras de María Victoria, otra Gil, que no fue, ni es frontal con el régimen.

Ahora, no serás más de «De la Gran Escena». Ahora sabrá Dios que serás. No sé porque me acuerdo de Roberto Carlos con aquello de «¿Qué será de ti?».

Por cierto, Miguel Díaz-Canel, cuando veas las bardas de tu vecino arder…