LA MADRUGADA DE LOS CRISTALES ROTOS

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Por Ghabriel Pérez
Holguín.- Desde hace tiempo los amigos no se cansan de advertir que estoy en peligro, pero yo me he mantenido prefiriendo confiar. Siento que mis palabras y mis acciones van en marcha con el pensamiento martiano y mi fe cristiana.
Varias veces desperté sintiendo golpes en la puerta, en una ventana, en las paredes (vivo en una esquina) y siempre lo adjudicaba a las pesadillas. Pero el cristal roto de la ventana que da al portal, dice otra cosa. Fue la mano del prójimo. Me imagino a ese hombre al que también llaman: el enemigo.
Me levanté, sin mucho susto, para escuchar las voces de quienes conversaban en una casa cercana.
Fui a la sala, en puntas de pie, para ver los vidrios y la piedra.
No me pareció prudente abrir la casa a la oscuridad de la noche, puerta a puerta a una bodega sin custodios. Y temí por el gatito, que duerme sobre la tela de un viejo short, bien pegado a la puerta.
Hice café, bien fuerte, y preparé un cortadito.
Me senté a teclear estas líneas y a pensar en la importancia de terminar libros: novelas, cuentos, poemarios, ensayos sobre Reinaldo Arenas, artículos, crónicas…
Siento tanto que me despertaran en el instante en que soñaba al estilo amatorio de la lejana adolescencia y esos primeros años de juventud e ilusiones a modo del hombre que hace una familia, el hogar donde se ve a los infantes correteando los patios, tras el gato y el perro, regresar de la escuela
Recuerden que yo no sé mentir. Les debo confesar que, cual Virgilio: tengo miedo.
El autor de La isla en peso se lo dijo a la bestia. Yo lo digo a pesar de la bestia, que ya no está. Pero su espíritu maligno todavía ruge.
Parece ser que, contra algunos, ¡la orden de combate está dada!
Le temo más al hecho de una segunda piedra, esa que descubrí al amanecer, la que incrustaron a fuerza de puño en la madera débil de la puerta. No dejo de preguntarme si implica un mensaje. ¡No fue lanzada! En el piso hallé hojas de las plantas del portal, o sea, entraron a colocar la piedra…
A las buenas almas pido que recen por mí. Gracias.

PD/ Por supuesto que la historia no termina. Seguir contándola y publicándola, depende…
Una amiga me regaló el alprazolam, que ya me duerme. No podré contestar mensajes ni llamadas en muchas horas. Agradezco cualquier preocupación.