GATOPARDO

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Por René Fidel González García

Santiago de Cuba.- No es la condición de espectador político lo que determina que los actos, decisiones o desaciertos de un Gobierno, o cuestiones de todo tipo, que van desde dramas humanos hasta lo más superfluo e intrascendente, se conviertan intermitentemente en el consumo político central y más importante de los ciudadanos, es la ausencia de una estructura, de una agenda y un programa político.

Una estructura política capaz de elaborar, de hacer pública y entronizar una agenda política con base a la comprensión de los problemas más importantes de los ciudadanos, de ofrecer un soporte analítico y de soluciones a estos de forma coherente a un programa que sistematice, exponga y promueva las creencias, los valores y las metas a alcanzar para el desarrollo de la sociedad y la felicidad de los individuos, es lo único que puede transformar a meros -y enajenados- espectadores en actores políticos del cambio de su realidad y circunstancias personales.

Si hacer esto último es imposible sin conquistar los imaginarios políticos de los ciudadanos, su comprensión de lo posible y el -los- significado(s) de su plenitud y realización personal, es preciso primero para los que se propongan tal esfuerzo, alcanzar la madurez, coherencia y unidad necesarias como para que su agenda y la posibilidad de una estructura y un programa político, trascienda los límites que le impone su propio consumo como espectadores políticos de la realidad.

Este es quizás, al menos desde la comprensión de distintos problemas que tenemos como aristas de un problema central esencialmente político, el Rubicón que es necesario cruzar en Cuba.

Debería ser demasiado obvio ya que esa incapacidad para asumirnos como actores en función de nuestros intereses y aspiraciones como ciudadanos, esa habilidad para responder y consumir disgresiones de nuestros problemas, es la cultura que expende para nosotros y el auténtico y crucial triunfo sobre el que descansa el éxito de la exclusión política.