LOS LUGARES SON LAS PERSONAS

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Por Gretell Lobelle

Mantilla.- Me quedo sin carga en 10 de octubre y Lacret. Me alcanza para llegar a un sitio, una entrecalle donde están soldando una reja. Hay un restaurante que no ha cerrado y salen chispas por todas partes. Es el único posible espacio que visualizo para cargar aunque sea una hora la batería y poder llegar a Mantilla. Increíblemente en el vedado no pude. El sitio tiene de todo, desde moscas, chispas con candela que suelta la reja que ponen y hasta etcétera. Me atiende una muchacha súper amable.

La oigo decir ‘Fello pégate a la tarima’. Repite y esta vez dice ‘al agua’ y entonces entiendo. Me deja cargar, y me muestra un menú que de todo solo tienen realmente un 20 por ciento. Yo estoy embarcá porque ando en medio del camino. Tengo que quedarme alli me parezca más o menos limpio el lugar. De pronto me veo sacando toallitas de alcohol, líquidos para las manos y repasando cada rincón. Pido un fricasé de pollo y me entrego a mis circunstancias.

El cocinero me trae la comida personalmente. No tengo que esperar mucho. Al menos está caliente y eso es bastante. Soy la única persona que está comiendo y ya ando sacando conclusiones. Me fijo en las tetas de la muchacha que me ha atendido. Es joven y menuda, digamos que flaca, con unos pelos en mecha plateadas y los ojos verdes, tan blanca que sobresaltan unas pecas en la nariz. Estoy un poco sorprendida. Esas tetas no pueden ser normales, son enormes, casi le llegan al cuello y no es solo sostén. ¿En Cuba pondrán las tetas así?

Estoy nerviosa con tantas chispas que saltan. Es la primera vez que veo tan cerca ese proceso. En los espejuelos del señor mayor se reflejan las luces o el fuego que produce la soldadura. Nunca he entendido qué es eso del arco de luz que daña la vista. Parece que el viejo sabe porque no usa protección. Llegan casi a mis pies.

¿Quién coño me habrá mandado a salir con tres barras de carga? Ella cierra la parte donde estoy para que no me salten las limallas porque lo mismo sueldan que pulen. Le pido por favor que me ponga el ventilador, con el temor de parecer impertinente. El tiempo está fresco. Creo que empezaré con un ataque de pánico.

Me lee el rostro. Pone el ventilador y música. No sé cómo me voy relajando. El pollo está riquísimo, pero más que el sabor de la comida, la alegría del sitio, las bromas que se hacen y me vuelven parte de esa dinámica. Una más.

Siento vergüenza. ¿Quién soy yo para criticar un sitio así? Es un negocio de barrio pobre y son gente respetuosas, serviciales, alegres. La alegría está subestimada. Me han facilitado cargar mi bicimoto y me he puesto a repasar el sitio. No estoy bien. Me regaño por eso y siento vergüenza. Tomo un minuto para disculparme con el universo.

Termino mi pollo y he comido con el gusto que se come en casa, no en un restaurante. Comida que sabe a hogar, familia, humanidad. Agradezco con sinceridad a la muchacha de las tetas inmensas y me pongo a tono con Marc Anthony porque absolutamente las buenas energías y el amor me hacen bien.