PISOS DE TIERRA

0
18

Por Oscar Durán

La Habana.- Si eres maestro en Ciego de Ávila y tu casa tiene el piso de tierra, pues te tengo un notición: el gobierno avileño le pondrá cemento a cada vivienda en ese estado. Aclaro, debes ser educador. Si no cumples con este requisito, estás embarcado, mi socio.

Sería interesante conocer las historias de esos profesores y sus condiciones de vida. Personas que toda una vida se han dedicado a enseñar y hoy, en el 2024, viven en un palenque. Solo pasa aquí, en Cuba Socialista, tierra de Fidel.

Según cifras oficiales, son 110 pisos inventariados para arreglar. Hay 110 almas infelices -no haga caso a esta estadística porque puede ser el triple- viviendo en esas condiciones. Gente honesta que debería tener un salario respetado dentro de la sociedad y unas condiciones de vida acordes a su profesión. Pero no, pasando 62 mil millones de trabajo, abandonados a la suerte, cuando fueron ellos los encargados de darle a este país ingenieros, abogados, médicos y cuantas profesiones existan.

reparaciones“Un avance del programa tuvo lugar en Bolivia, a mediados de este mes, cuando se erradicaron dos pisos de tierra, de los siete identificados en el sector en ese municipio”. Con bombos y platillos, la prensa local anunció el “grandísimo” logro. Ya hay dos casas arregladas y, posiblemente, para allá fue la televisión y la radio a que los beneficiados agradecieran a la Revolución por el gesto tan bonito.

Y les voy a decir algo a los profesores: lo que se ha hecho con ustedes es una “obra titánica” porque estamos en medio de un déficit creciente de materiales de la construcción, acero, cemento. Si vivieran en otro país, quedarían abandonados, sin embargo, tienen la suerte de vivir en Cuba, donde el gobierno no «abandona» a sus hijos.

O sea, nos desgraciaron la vida, pero tenemos que agradecerles infinitamente cuando hacen cualquier basura por nosotros. ¿Cuántos profesionales de bien no habrán en todo el país desgraciados y sin un peso en el bolsillo? Gente que en su momento creyó en el régimen y defendió a pulmón la “obra maestra” creada por Fidel Castro. Ahora están solos, sin un pan en el estómago, pidiendo recarga al familiar gusano o implorando un Parole a las 11 mil vírgenes.

Si yo fuera un maestro que vive en un piso de tierra a estas alturas del campeonato, o cojo una soga y me ahorco, o sigo viviendo en la misma miseria, pero no le acepto nada a estos dictadores de mierda. Uno debe tener vergüenza, al menos. Esos mismos educadores en otro país hubiesen tenido diferente suerte, sin necesidad de pasar por tantas dificultades y ver cómo se les apagan sus vidas caminando por un piso de tierra dentro de sus propias viviendas.

Estamos listos para extinguirnos como sociedad. Nada más falta que nos manden un meteorito grande, no la porquería que cayó en Viñales. Es mejor desaparecer de una vez y por todas. Al final, ¿para qué vamos a seguir sufriendo? No vale le pena.