¿POR QUÉ NO VOLVÍ A VER A MIS PADRES?

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Por Esteban Fernández Roig
Miami.- La pregunta que constantemente he escuchado en mi vida es: “¿No volviste a ver a tus padres y hermano? La respuesta es «no».
Creo está demás decirles que siempre quise estar de nuevo junto a mi familia. Ha sido una obsesión. Al llegar a Estados Unidos se juntaron tres factores que lo impidieron. Uno: mi creencia firme (que todavía sustento) que la única solución del problema cubano -lograr la caída de la tiranía- no se resolvía viniendo para acá sino nosotros regresando para allá con las armas en las manos. Y me integré por tres años a la lucha bélica.
Dos: La negativa total de mi padre a venir para acá porque esto se cae muy pronto… y repetir cien mil veces: «Ya he visto parte de la película, quiero ver el final aquí en Cuba”…
Tres: De todas maneras llené todos los requisitos para que mi hermano pudiera venir para acá. Ya Carlos Enrique tenía todo listo (visa, pasaporte, money order) para salir de Cuba a finales de octubre del 62, dos meses después que yo, y se produce “La Crisis de los Cohetes”.
La tiranía suspende todas las salidas, crea el “Servicio Militar Obligatorio” y mi hermano estaba comprendido en la “edad militar” y queda excento de poder salir.
Pero, entonces (quizás egoístamente) yo insistía en que mis padres vinieran sin mi hermano, pero ellos dijeron: “Tú estás bien allá, libre y fuera de peligro, mientras tu hermano nos necesita a su lado protegiéndolo”.
Años me pasé pidiéndoles que vinieran; estando en el hospital del Army con fiebre alta, utilicé un sobre de la Cruz Roja (para impresionarlos) y escribí al Departamento de Estado, desde donde ellos inmediatamente me enviaron tres nuevas “Visas Waiver” para mi familia.
Dos de “mis hermanos escogidos”, conocedores de mi eterno desespero por juntarme con mi familia, Jorge Riopedre y Milton Sori salieron para Cuba en botes en su busca. Jorge por Camarioca y Milton fue al Mariel.
Los esbirros güineros que siempre me han odiado, primero por mis gestiones bélicas (exageradas en Güines) y después por mis escritos insultantes para ellos, se empeñaron en evitar la salida de mis seres queridos y de esa forma vengarse y dañarme.
Mis padres hace rato fallecieron, mi hermano es -aunque más joven que yo- un anciano enfermo en un asilo, y le pregunté hace unos días: “¿Ya por fin quieres salir, Carlos Enrique?“
Me respondió: “No, Estebita, yo no estoy en condiciones para dar ese viaje”…
Y créanme este es el artículo más difícil para mi entre los 3200 redactados fácilmente.