MARRERO, ASERE, NO

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Por Javier Bobadilla ()
La Habana.-  No. No, porque no. Porque ya, asere, ya. Un poquito de por favor.
¿Por qué te escribo a ti directamente?
Tú eres el único que da pie en este mar de mierda que nos rodea. La maldita circunstancia de la diarrea por todas partes. Quien tú sabes es un muñecón, y a la jeva le tuvieron que quitar la cuenta de Twitter. Con Gil no se habla, Alejandro no toma decisiones económicas -al menos no públicamente-, y Guillermo es un farandulero. Fíjate que no menciono a Mariela, ni muchísimo menos a nadie de la retahíla de ministros, viceministros y vicepresidentes. Todo ese piquete es puro hectoplasma y materia etérea. Fantasmas, con cero capacidad siquiera de mover una ouija.
Tú eres el tipo. Y algo me dice que tú no querías serlo, que te iba mejor en segundo plano. Nadie se esperaba del destino la mala jugada. Partió tu socio, que era el cerebro de la operación, y no hubo nadie para sustituirlo, y has podido ver cómo poco a poco todo se hunde en el fango.
Yo te entiendo. A mí también me iba mejor en segundo plano. Y quien dice segundo dice tercero. Pero mis socios también partieron. Los que tenían que hacer esto que ahora estoy haciendo, para yo poder jugar Nintendo y pasear en moto, feliz y despreocupado. Unos se fueron, otros están presos. Todo es un desastre. La gente me escribe y me pregunta qué vamos a hacer, y qué va a pasar, como si yo tuviera alguna respuesta a algo. Como si yo no estuviera perdido en la misma tormenta que ellos.
En la misma tormenta que estás perdido tú.
«Te dolarizo parcialmente, te transfiero la responsabilidad de cerrar el ciclo del dinero, y dejo que pongas tú el precio, mientras yo me lavo las manos. Mátense entre ustedes.»
¿Es lo que me estás queriendo decir? Porque es lo que estamos entendiendo todos aquí abajo.
Esto ahora de la tarjeta Clásica es simplemente risible. Si tuviera que adivinar, diría que como inflaron el MLC, hay alguien por allá arriba que ya no lo quiere. Que quiere dólares en su cuenta. Si tuviera que adivinar más allá, diría que te estás preparando para cuando los rusos tomen el control absoluto de la economía. Y los rusos van a querer dólares. Pero como conozco a las personas que tú representas, sé que lo que quieren los rusos tampoco va a ser. Porque los rusos, lógicamente, querrán cobrarnos los dólares directamente a nosotros, porque los dólares de ustedes se pierden, y se demoran o nunca llegan.
Así que si tuviera que tirar la piedra realmente lejos, diría que esta tarjeta en «dólares», va a servir para pagarle «directamente» a los rusos. Te pongo lo entrecomillado porque no me lo creo. La tarjeta es exactamente igual a la MLC, porque al momento en que un dólar entra en ese banco que no es de nadie, y cruza el horizonte de eventos, no puede volver a salir, y deja de ser dólar. Pierde la libre convertibilidad y se vuelve un numerito cuyo valor depende exclusivamente de cuánto de ese dinero se reinvirtió en productos para la venta, y cuánto se gastó en vacilón.
El ruso que ponga el supermercado, supuestamente va a estar cobrando en dólares, pero todo va a seguir pasando a través de ustedes, y tarde o temprano, van a tratar de joder al ruso. Recuerda que Venezuela cambió el dinero, le quitó dos ceros, y al poco tiempo ya le había puesto los dos ceros de vuelta, y tres o cuatro más. El nombre de la tarjeta no determina nada. La materia no importa, la forma y el estilo lo son todo.
Y no, tigre. Así no. Yo sé lo que tú quieres hacer, pero lamento mucho decirte que así no es como se hace. Sé también que nadie entre ustedes, nadie, sabe cómo va a terminar esto, porque el mandato de Biden va a cerrar con sabor a republicano, y en las elecciones no tengo que decirte lo que viene. Yo tampoco sé como va a terminar, pero cada día tengo más claro lo feo que va a ser.
¿Y tú vuelves a sacar la tarjeta MLC con otro nombre? ¿Así de literal? ¿Y tengo que ponerle 50 dólares dentro, de los cuales cuatro son de ustedes, y los otros 46 también?
Brother, Fidel nos dio estudios. Es lo único que se le puede sacar a este lugar olvidado por los dioses, y la mayoría los aprovechamos. Y hambre también nos dio, como mismo tú ahora. El ayuno afina los sentidos y rompe barreras mentales. Todos los depredadores lo saben. Las soluciones no te están durando un semestre. Con un cierto interés y una cuenta de internet cualquiera predice el resultado de las medidas casi al momento de anunciarse.
Tu lenguaje verbal y corporal me ha dicho siempre que no eres el prototipo que desea el poder por el poder. El obsesionado con el poder tiene una mirada enferma. Para tí el poder tiene que dar un resultado apreciable, objetivo. Irse a pique con el barco nunca estuvo en tus planes. Tú no quieres un barco heroico con una tripulación fantasma, que hace agua y sigue a la deriva sin brújula ni motor. El barco que tú quieres manejar es un crucero lleno de yumas, que llega a puertos y gana dinero. No te tomes esto a mal. Es lo mismo que queremos todos.
Para volver a tener un deshielo de verdad, tienes que hacer un cambio político. Aunque sea pantalla. El silencio crece como un cáncer, y al final mata. Abreviando, mi pregunta es la siguiente:
¿Cuándo vas a legalizar la oposición?
El otro día conocí al diputado de la MIPYME, al del queso gouda, Carlos Miguel Pérez Reyes. No hablé con él, pero me divertí muchísimo oyéndolo explicar cosas para las que no tiene explicación, y a la vez tiene un miedo terrible de explicarlas mal. Al chama le amarraron un bloque y lo lanzaron a aquel mar en que ahora mismo sólo tú das pie. Y se hundió, y no puede respirar.
Entiendo que ponerlo de diputado fue una movida controversial. Así de poco relevante como se oye, para ustedes tiene que haber sido toda una aventura. Buscarlo, seleccionarlo, verificarlo, prepararlo. Darle un empujoncito, para que se convirtiera en la cara del Cuestionamiento Revolucionario, que sería algo así como la Leal Oposición de Inglaterra pero más light. Que volara del nido, aunque fuera en la dirección que ustedes le indicaran. Como todo lo que se hace con miedo, quedó mal, y te voy a decir porqué.
Cuando Rammstein sale al escenario, a veces Till Lindemann no tiene que cantar la canción. El público la canta. Pero sin Till, no pueden. Él tiene que pararse ahí, y sólo entonces saben cantar.
Tu diputado tiene miedo a ser diputado, no sabe qué cosa es ser diputado y no sabe cómo funciona el Parlamento, ni siquiera el que sale en la Constitución.
Mostro, tienes que legalizar la oposición. Hazme caso, que te vas a acordar de mí.
Yo sé que me estoy metiendo en candela con decirte esto, y si te soy sincero, de vivir en Miami o en Madrid me diera lo mismo lo que pase en Cuba. El lío es que vivo aquí, y no me quiero ir. En candela de verdad me metió la cigüeña hace 44 años, y ya eso no hay forma de arreglarlo.
Te voy a poner una foto cuqui, pa’ que veas que te escribo de buena voluntad. Pero tronco, de la tarjeta olvídate, que esa talla no sirvió.