FOBIA A DEJAR

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Por Padre Alberto Reyes
Florida, Camagüey.- Me pregunto qué nombre podría darse a la fobia a “dejar”, a “soltar”, a “abandonar”. Dice el diccionario que una fobia es una “profunda aversión”, y los humanos tenemos una “profunda aversión” a soltar todo lo que nos gusta, nos motiva, nos resuelve algo en la vida.
Comodidades, hábitos, tradiciones, criterios, opiniones… forman una “línea de defensa” de nuestra estabilidad psicológica. Pero además de esto, hay rencores, iras, apegos, incluso defectos y pecados que hemos ido acogiendo y que se han ido convirtiendo en los cómplices que nos ofrecen las coartadas que necesita nuestra conciencia para evitar el esfuerzo liberador pero arduo de eso que Cristo llama “conversión”.
Toda opción implica una ofrenda, toda acogida implica un rechazo. “Convertirse”, en clave cristiana, no es otra cosa que entrar en el proceso de aprender a mirar la vida con los ojos de Dios, de modo tal que se vaya instalando un modo de obrar movido por la misericordia, la generosidad, la bondad, la justicia, la paz… eso que hoy llamamos “el evangelio”.
La llamada de Cristo a los primeros discípulos, junto al lago de Galilea, es el signo de su invitación a un estilo de vida que ya no pone su foco ni en las seguridades ni en las comodidades personales sino en los
valores que Cristo propone.
No hay nada más preciado para un pescador que sus redes, y aquellos jóvenes pescadores pudieron haberse aferrado a ellas. No lo hicieron, y la vida les cambió para siempre, pero el cambio fue una consecuencia de su decisión.
Hoy cada uno de nosotros podría decir lo mismo: nada hay más preciado para mí… nada me da más comodidad… nada me justifica más mis actitudes… nada me calma más la conciencia que esto o aquello, pero eso que me es preciado, que me da comodidad, que me justifica, que me calma la conciencia… ¿me libera, me permite caminar, me plenifica…?
Cuando Cristo habla de “conversión” dice que “el tiempo ha llegado”, pero no usa el término “kronos”, que se refiere al tiempo que podemos contar. Dice “kairós”, que en griego significa “el momento oportuno, el momento decisivo, la oportunidad que no se debe perder”.
Es verdad que a veces nuestra fobia a “soltar” se espesa, y nos cuesta sobremanera cortar nuestras amarras, pero también es verdad que hay momentos en los que experimentamos el “kairós”, y sentimos la necesidad, la motivación, la fuerza de dar un paso más de libertad. Son las oportunidades que no podemos dejar escapar, porque vienen precisamente a superar nuestra aversión a “soltar”, y quizá no se vuelvan a presentar.