CUATRO PALABRAS

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Por Esteban Fernández Roig
Miami.- Tenía 17 años. Un domingo a las siete de la mañana me monté en el Buick Special del año 56 de mi tío Enrique Fernández Roig, al timón iba el chofer “Cumbancha”….
Salimos a toda velocidad rumbo a Rancho Boyeros. Mi padre estaba encerrado en su cuarto. Quizás lloraba. No sé, porque me había inculcado hasta el cansancio cuatro palabras: “¡Los machos no lloran!”
Durante toda la travesía -cabizbajo- voy repitiendo: “Regreso en dos meses”.
Esas cuatro palabras fueron suficientes para poder abandonar la Patria sin que rodara por mis mejillas una sola lágrima.
En el aeropuerto José Martí un tipejo vestido de miliciano -zoquete y encumbrado- detrás de un buró me hace unas cuantas preguntas, insolente me mira con desprecio. Soy, para él, “un gusano, un lumpen, un asqueroso niño bitongo”…
Me interroga: “¿Por cuánto tiempo estarás fuera de la patria del proletariado?” Le respondo otras cuatro palabras : “Sólo por 49 días”.
Tenía ganas de añadir: “¡Si Cuba se libera antes, o regreso con un rifle en mis manos, entonces huye cacho de esbirro!”
Allá a lo lejos veo a mi madre, me sonrío y le enseño dos dedos, estoy tratando de decirle cuatro palabras: “Vuelvo en dos meses”.
En manada salimos rumbo al avión de la Pan American que está a varios metros. No digo una sola palabra, no miro para atrás, no hago el más leve gesto de alegría ni de tristeza.
Siento que estamos rodeados de pirañas del G2 desesperadas por echarnos a perder la salida.
Despega el avión. Sigo en silencio sepulcral, hasta que la azafata dijo alegre por el micrófono: “¡Acaban de llegar a tierras de libertad!” Los pasajeros aplauden, lloran, cantan nuestro himno, se abrazan.
Yo estoy solo, no tengo a quien abrazar, en realidad soy un muchacho, no conozco a nadie y lo único que se me ocurre es levantarme de mi asiento y de lo mas profundo de mi alma me sale un alarido, cuatro palabras que ardo en deseos de lanzar al aire.
Doy riendas sueltas al odio que traigo acumulado. Y grito a todo pulmón: “¡Coño, Abajo Fidel Castro!”
Me aplaudieron y me sentí libre. Por primera vez en casi cuatro años.