BOMBONES PARA LA VILLA PUERTO DEL PRÍNCIPE

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Por Oscar Durán

La Habana.- El próximo 2 de Febrero la Villa de Santa María del Puerto del Príncipe cumplirá 510 años de fundada. El presupuesto de Cultura lo cogerán para contratar a la orquesta Maravilla de Florida -si existe- y a cuatro pelandrujos reguetoneros de moda. Es lo que hay para los camagüeyanos, aunque pueden llegar algunas sorpresas por parte de la Industria Alimenticia.

La dictadura sabe cómo enredar al pueblo y ya está haciendo propaganda con “variadas” ofertas para celebrar por todo lo alto el cumple de la Villa. El cubano tiene hambre y por ahí se agarran estos degenerados para celebrar efemérides y actos políticos. Por ejemplo, ese día,  harán una feria y venderán bombones, quesos, cárnicos y el Ron Añejo Puerto Príncipe. No lo digo yo, vayan corriendo para el periódico Adelante.

Bombones, señores. ¿Ustedes no se dan cuenta que lo de esta gente es un espectáculo humorístico? ¿Cómo a un pueblo con tantas necesidades le van a salir con ventas de bombones? No, y lo más lindo, los ingredientes son la pasta de chocolate amargo y blanco, mantequilla, sorbitol y un relleno de miel y cereal.

Uno a veces quiere refrescar con el tema de Cuba, pero esta gente no coopera. Cuando no es Díaz-Canel, es Marrero, o un diputadito de pacotilla. Y mira ahora a el Adelante diciéndote que para la fundación de Puerto Príncipe, habrá venta de bombones rellenos de miel y cereal, como si eso fuera lo más grande de la vida.

Nos tienen la bajita cogida. Ya debe haber cola desde ahora -recuerden que el día 2 de febrero es la fundación- para los bombones y mañana van a anunciar dónde venderán la chuleta de res condimentada, el jamón y la croqueta suprema. Esperen noticias de puñaladas y punzonazos en la cola de los cárnicos. Ni la PNR va a poder controlar todo ese barullo.

Cuando se fundó Puerto Príncipe, hace 510 años, las cosas no estaban como hoy.  Incluso, el 10 de abril de 1869, en plena Asamblea de Guáimaro, tampoco la situación era tan crítica. Ese día se eligió un presidente llamado Carlos Manuel de Céspedes, quien no tuvo que preocuparse por la alimentación de toda la zona de Camagüey porque esa llanura era próspera y ganadera. 

Ciento cincuenta y cinco años después, los cubanos tienen otro presidente. Un tipo nefasto. Matando de hambre a un pueblo entero y vendiéndole bombones de chocolate rellenos con miel y cereal, como si eso fuera lo último de los muñequitos.