LA BOBERÍA SOLEMNE

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Por Carlos Cabrera
Madrid.- La blogosfera cubiche parece estremecida por una estela de humo que dejó un Boeing de una aerolínea colombiana que no pudo aterrizar en La Habana y, hasta el ministro del inexistente Transporte se sumó al coro de internautas, dando el paso al frente, y comentando el incidente con la verdad más conveniente al régimen y citando a expertos del correspondiente departamento del pan con na´: el avión no pudo aterrizar por la niebla y fua a parar a Cancún, que es el sueño húmedo de muchos cubanos y puerto de los pequeños comerciantes del import/export, post Muro de Berlín.
La noticia no es la niebla, sino que el aeropuerto más importante de Cuba carezca de los recursos necesarios para que los aviones puedan operar en condiciones adversas, incluso con visibilidad cero. Nada extraño debido al empobrecimiento comunista que, en este ámbito, favorece a las tiñosas y otras especies de aves, que sobrevuelan Boyeros o Varadero en busca de un salve área dólar y con el consiguiente peligro para las aeronaves.
Los circulitos en el cielo, que tanto encandilaron a los habaneros y a los luchadores de likes digitales, es pan nuestro de cada día en Europa, donde incluso, en invierno es posible hasta seguir la trayectoria de los aviones por sus estelas de gases condensados, como ocurre también en zonas templadas y frías de Norteamérica, los Andes, Rusia, China y Corea la buena, entre otras zonas del mundo. En la mala Corea prefieren los trenes, porque así se lo impuso el santo al camarada Kim Il Sung, cuando coronó a Confucio.
Como la casta verde oliva está enfrascada en esa novedosa política de comunicación, que ya empieza a dar sus primeros frutos, como la sonora desautorización del periódico Granma al primer secretario del anticubano partido comunista, en lo referido a la pequeña y mediana empresas privadas, Polanco, ahora reforzado con Morlote, podría crear el departamento de Boberías solemnes, para dar rienda suelta a la imaginación, que es fecunda en la isla, país frustrado en lo esencial político.
Las estelas en el cielo pueden ser la primera de una saga tardocastrista, siempre que rescate hitos que asombraron al mundo y parte del extranjero, como la zeolita, el plátano burro con microjet aéreo (récord Guinness con la mariquita más cara del mundo), la moringa olifarera, el vaso de leche de la chiva de Raúl y el limón como la base de todo del doctor en ciencias, Don Miguel.
Ya avisó Díaz-Canel en el otoño de 2019, la ventaja de estos «corrientazos» (sic) es que les hacen sacar lo mejor de ellos mismos -obviamente, habría que cambiar corrientazo -de dónde van a a sacar la corriente- y decretar rienda suelta a la imaginación; siempre que los ejercicios espirituales jueguen con la cadena y nunca con King Kong.
La revolución cuenta con un ejército de metatranquianos -dentro y fuera- dispuestos siempre a sublimar el pan con na´; incluso a viajar a democracias ricas y justas para defender los principios; cuando están en los finales.
Y mientras llega la nueva saga, los compañeros más arriesgados podrían encabezar la larga marcha hacia el precipicio constante, controlando la frecuencia de parpadeo de los semáforos de 5ta. avenida; puede parecer una simpleza, pero los más aventajados podrían contactar con una asociación pagada por el totalitarismo Woke y ser invitados a Nueva York para controlar los guiños de los semáforos, empezando por situado en Quinta avenida y la 34, donde se instaló el primero, en 1922.
Otra serpentina para las glorietas podría ser colocar una gran pecera en la Plaza de la revolución y calcular cuánto tardan los pejes en subir y bajar desde el fondo a la superficie y viceversa, y en que tramo, del sube y baja, alcanzan mayor velocidad.
Y para cerrar con un papalote en almíbar, en homenaje a Matías Pérez, podrían sustituir la habitual catarata de mentiras del gobiernos y sus adláteres por rutas en globos a velas para sustituir importaciones, fortalecer la industria nacional y proteger el medio ambiente, agredido por las toneladas de basuras que enferman diariamente a los cubanos en sus barrios, especialmente en los más empobrecidos.
Previamente, los compañeros del FARINT, deben coordinar con Antillana de Acero, la producción en cadena de cadenas para mantener los globos sujetos a la geografía insular, no vaya a ser que a los globeros les dé por coger en vuelta de Cancún o Hialeah, ciudad que progresa de verdad, a diferencia del cangrejo atrapado en el tanque de miel.
Y para aquellos compañeros que duden de la viabilidad de los globos a vela, los invito a que revisen el VI Fórum de Innovadores, Racionalizadores y Piezas de Repuesto, donde un audaz grumete propuso dotar de velas a los barcos de la flota atunera para ahorrar petróleo; bajo las atentas miradas de Pedro Miret y de Fidel, que se emocionó con el regalo de una bicicleta de madera, una joya hecha por un trabajador civil de la entonces FAR, y exclamó: la bicicleta es el medio de transporte más revolucionario del mundo, porque no tiene marcha atrás. Y aquella masa deliraba.
Obviamente, la tarea debe evitar ocurrencias energéticas como aquella otra de un innovador que reveló su método para alargar la vida útil de las cuchillas de afeitar (conocidas entonces como lágrimas de hombre): congelarlas y luego plancharlas; asegurando que recuperaban el filo. En los congeladores de muchos cubanos sobraría espacio para almacenar cuchillas por planchar, pero aumentaría el déficit energético, cuando más arrecia el bloqueo.
Diviértanse, gasten poco y evitan las solemnes boberías que solo consiguen dejar en ridículo a Cuba y a la mayoría de sus hijos, ajenos por imposición al 5G y sujetos a la carreta de bueyes cansados y en peligro de extinción y, si algún patriota aún duda, que se guie por un curda que -casi a diario- le descargaba a la valla del DOR situada frente a la entrañable Escuela de Letras (Edificio Dihigo) de la Universidad de La Habana; donde en una ocasión colocaron la frase martiana: la pobreza pasa, la deshonra no. Y aquel borracho, decía: ¡Tremenda pobreza, tremenda deshonra!
Bájense de los circulitos del Boeing y vuelvan a la feroz realidad.