CUBA, ABEL PRIETO Y EL DESPRECIO LA HOMBRE DEL CAMPO

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Por Humberto Nansen Tápanes ()

La Habana.- En estos momentos, en Uruguay, hago diversas faenas agrícolas en una hacienda familiar -y comercial-: hacienda de varias hectáreas, administrada y trabajada muy duramente por tres hermanos. El mayor es el líder natural, y sobre el que recaen las mayores responsabilidades.

Ellos son los primeros que entran al campo apenas amanece. Ellos son los últimos que lo abandonan cuando cae el sol. Con toda propiedad, para estos hermanos se aplica perfectamente aquello de trabajar de sol a sol…!

Hoy, mientras ‘juntaba’ tomates, recordé aquella frase fatídica de nuestro queridísimo Ministro de Cultura, Abel Prieto, cuando, en reunión con intelectuales hace varios años planteó, entre barba y melena -con sonrisa irónica y despectiva- que para recoger boniatos no hacía falta ninguna ideología.

En otras palabras, si sabemos que una ideología es un posicionamiento (x) o (y), en relación al mundo y a la vida, también al ‘mundo de la vida’ que decía Habermas, pues ya podemos intuir que pensaba nuestro Ministro y asesor de la Presidencia y el Consejo de Estado.

Tal parece que en su visión pseudo elitista y letrada de la cultura, el trabajo agrícola se relaciona con la necesidad de ser, nosotros mismos, un boniato. Digámoslo en jerga deleuzeana: trabajar en la agricultura… por consecuencia, ¡’devenir’ boniato…!. Esto, dicho en frase cubana que califica a personas supuestamente poco inteligentes: ser, o devenir, un tronco de yuca…!

Y claro, en esa reunión con ‘hombres de la cultura’ -en la que sutilmente enviaba al campo a quienes no fueran ideológicamente ‘correctos’-, sabemos de qué ideología nos habla nuestro señor Ministro. Lo otro: este cruce ‘totalitario’ de registros: cultura, intelectuales, ideología y trabajo, es cuestionable y altamente sintomático.

No voy a hablar de lo errado de esa ‘cosmovisión’ -Weltanschauung, la llamó Wilhelm Dilthey-, que engendra una moralina más que una moral, un ethos arrogante, una posición distorsionada en relación al mundo del trabajo y, por consecuencia, al ‘mundo de la vida’ y al mundo que habitamos los humanos. Solo decir: esa visión es la que ha hundido a Cuba y a su economía, en su pobreza y desesperanza actual.

Uno de los momentos culminantes de la jornada laboral ocurre, cuando, el mayor de los hermanos y líder natural, organiza -casi en forma ritualística- estas cajas de tomate ‘perita’. Posteriormente, las montamos en un camión con destino al mercado mayorista.

En esta sencilla acción veo toda una ética del hacer bien las cosas; de hacer lo que se debe y pide ser hecho; un ethos del fluir con el orden, armonía y ritmos naturales. Y, por supuesto, veo más fineza, arte, cultura, y hasta una mayor dosis de ‘humanidad’ terrestre y cordial, que en las palabras y sonrisa despectiva de quien fue, por tantos años, Ministro de Cultura en Cuba…

Notas:

1- Al igual que en el ars alquímica, a los opuestos les encanta tocarse, mezclarse. En algún lugar leí que a Maquiavelo, después de las muchas horas de lectura, escritura y alta reflexión política adecuada a su momento histórico, le encantaba sentarse a jugar a los dados con los campesinos y personal de servicio.

2- Creo que existe más dignidad en ser el tronco de una yuca por donde corren los nutrientes de la tierra, es decir, el sol transformado en savia y líquidos vitales, que en ser Ministro de Cultura en Cuba…!