WILLY CHIRINO, ¿CUÁNDO EN LA HABANA?

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Por Pablo Alfonso (Especial para El Vigía de Cuba)
México DF.- Willy Chirino acaba de anunciar en sus redes que el 27 de enero actuará en el Flamingo, Miami. Y millones de cubanos se preguntarán cuándo actuará en su natal Cuba.
Son pocos los nacidos en la isla que no se han llenado de «Oxígeno», gracias al oriundo de Consolación del Sur. El mismo que con 14 años salió de Cuba con un colibrí y un libro de Martí. El que dejó a sus viejos, el recuerdo de su escuela, los amigos de la infancia, el primer amor.
Willy siempre alaba a Benny Moré, Matamoros y Cuní. Más de 60 años sin vivir en Cuba y no ha dejado ni un minuto de pensar en ella, ni en los cubanos. Es el ícono musical, por mucho, de la libertad de su pueblo. Nadie, pero nadie como él, ha pedido tanto por un cambio. Su talento siempre ha estado en función de ver a Cuba libre y de mantener viva la sabrosura de los ritmos cubanos.

Siempre me he preguntado cómo este hombre no ha perdido su esencia guajira. ¿Cómo es posible que ni Nueva York, ni Miami, ni el rock, ni nada, lo haya apartado del cubano que es? Otros, con dos meses nada más en España empiezan a decir: «Vale tío, me cago en la hostia, hombre, acaba de traer el coche». En Chile, he visto a cubanos decir: «Oye no seas weón concho’e tu madre» o «¿cachai cómo está Cuba?» .
Así andan muchos coterráneos por el mundo. En cambio, el Willy, el de la banda sonora de millones de cubanos, el de la mejor versión de «Medias negras», no cambia. Y por lo visto, no cambiará.
Con orgullo puedo decir que es mi salsero preferido, que nunca dejé de escuchar sus canciones. Incluso, vivía casi al frente de la sede del partido de mi municipio, pero nunca se dejó de poner su contagiosa música. Eso sí, admito que cuando sonaban los primeros acordes de «Nuestro Día ( ya viene llegando)», mi madre corría siempre a bajar el volumen.
Ella también lo disfrutó y mucho. Bastante que bailó con Willy, a quien agradezco por hacerla feliz. Se fue de este mundo sin ver al cantante, como cientos y cientos de miles de cubanos se han ido sin poder asistir a un concierto, por culpa de esa absurda ideología que también impidió que Celia volviera a cantar en su terruño.
En noviembre cumpliré 60 años. Willy, en abril, 77. Me pregunto si alguna vez podré verlo en vivo, si alguna vez cantará en mi isla, la suya, la nuestra.
En Chile disfruté de otros excelentes soneros amigos del campeón de la salsa, como Gilberto Santa Rosa y Óscar D’ León. Pero a la «Máquina», al «Amigo de la Luna», al que quiere que le hablen de Jatibonico, nunca lo he podido ver.

Pronto, Dios mediante, estaré por Estados Unidos. No te me escaparás, cueste lo que cueste la entrada. Lo haré por mí y por mi madre. Ella, desde su reposo eterno, te disfrutará, será la «Vía» para pasar «La noche perfecta». No pido «Demasiado». Bailaré un bolero, un merengue o un rock n’ roll. No sé si irás de negro y yo de blanco, solo sé que iré y veré llorar tu «Bongó» que hasta en sueños me llama.
No pierdo las esperanzas de que Cuba te vea cantar. Quiero que te vean en una esquina habanera. Ese día sé que llevarás a Celia. Hasta el Caballero de París pasará por ahí. Cuba toda quiere verte en la plaza con Martí detrás. Sin dudas, el Benny sonreirá e irá con Arsenio y Pérez Prado.
Tu sueño se hará realidad. Tu canción no nos traerá tristeza, sino la añorada libertad. El día antes, el diablo amanecerá con el «moño virao» e irá de nuevo a La Habana. Será su tercera visita a la isla. En la primera se llevó al que tú sabes, al que nos oprimía. Lo dejó en una piedra. En su segunda visita, dos meses antes de tu añorado concierto, se llevó al hermano, a la otra rata. Está vez, vendrá por Díaz-Canel. Los cubanos todos te diremos. Gracias Willy. Gracias por la música. Gracias mil, por tu lealtad.