UN “HASTA LUEGO” A CUBA

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Por Esteban Fernández Roig Jr. ()
Miami.- Cuba, mi Cuba, mi amor eterno: se han cumplido 61 años sin verte y te adoro más que nunca.
Jamás he dejado de quererte, ni ha pasado un solo día de mi vida sin que de alguna forma te recuerde y añore tu pasada y futura libertad.
Jamás he permitido que tu destrucción física me lleve a sentir desprecio hacia ti.
Yo -en la distancia- con las casas despintadas y cayéndose, con los baches en tus calles, con Comités de delatores en cada cuadra, con tantos hijos del diablo que han nacido dentro de tus entrañas, te sigo amando.
No, no te visito, ni te visitaré jamás, mientras tenga que pedirle permiso a la banda de rufianes que te han llenado de oprobios.
Han sido 61 años en el destierro, ignorando a todo aquel que -aunque algunos lo hagan de buena fe- me han pedido que me olvide de ti.
Evito a todo el que intente decirme: “No pienses más en Cuba, olvídate de esa Isla que solamente está en tus recuerdos, esa Cuba ya no existe, ni volverá a ser cómo un día fue” porque son palabras que recibo como latigazos en mi espalda.
Contra viento y marea, a mí no me sale de lo más profundo de mi ser aceptar tu disolución como país, y me mantengo firme, creyendo que Dios no podrá permitir eternamente que no vuelvas a reinar entre los países más prósperos y libres del planeta.
Te quiero, Cuba, aunque por ese amor quieran colocarme dentro de una minoría de cubanos en extinción, aunque me llamen “dinosaurio”, y aunque llegara a ser el último que te venere.
Y si la reencarnación existiera, y volviera a nacer, con todos los defectos que muchos te achacan, con todas las críticas que tengo contra tantos esbirros, quisiera volver a nacer cubano, en Pinillos 463 o en la ave. Juan Rodríguez 7305, en Güines, Habana, Cuba.
Cuba, tú eres mi madre, mi novia más querida, mi primer y más grande amor, la tierra que me vio nacer.
Y todos los que no te quieran, todos los que le han dado las espaldas a tu sufrimiento, todos los que de alguna forma cooperan con tus opresores, todos los que no quieran oír y leer nada de ti, aléjense de mí, quítense de mi camino.
Si bien mi cuerpo salió y se alejó de ti, mi corazón siempre se quedó allí, porque Cuba -y quiero que te quede muy claro- jamás te he dicho “Adiós”. Ayer, hoy, mañana y siempre te dije, te digo y te diré “Hasta Luego”.