CRÓNICA REDUNDANTE DE UN OPOSITIVO

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Por Rioger Guilarte ()

La Lisa.- Terminó otro año y comienzan los buenos deseos a inundar nuestras bandejas desde las pocas horas del comienzo del año próximo, aún. Es el cuarto día de este otro añito en que resistir lo irresistible sigue siendo norma. La gente sonríe con mayor sinceridad justo al fin del lustro y parece que se aflojan las rencillas y los resentimientos en el momento en que las ilusiones de un mejor futuro emanan no sé de dónde, aunque se hagan cada día más obvias las ya acentuadas diferencias en la sociedad que prometía ser la más justa y más humana.

Nunca hemos estado más lejos de eso en el siglo 21 y la carne de cerdo está más cara de lo que jamás estuvo. Hay, con el fuero de saberse vitalicio, quien promete prosperidad a costa de rectificar, re-rectificar, re-rrerrectificar, y así por el estilo, eterna e irrevocablemente.

No pinta bien. La inflación, a todo galope, se presenta este año como una embestida contra los bolsillos más endebles y el aumento de los precios especula con derrumbar la fe en la construcción social ofrendada a nuestros abuelos. El descalabro político y económico regurgita crisis y las supuestas victorias son, en boca de los estatocapitalistas, sólo el recurso más gastado de la demagogia nacional.

A grandes trazos la humanidad no ha aprendido absolutamente nada luego de una pandemia que prometía erradicar nuestra invasiva y tóxica raza. Guerras y genocidios están ahí para probarnos que la evolución en la modernidad es una idea remota e ilusoria, y que la lista de pobres y pesimistas se alarga lo mismo que la de los masivos éxodos, voluntarios u obligatorios.

Gaza sucumbe para seguir demostrando que el dolor de los que no están de nuestra parte es menos importante y que muchos sólo creen en la humanidad y la empatía en beneficio de sus intereses. La clase política es un cáncer irremediable que está llevando al planeta a una metástasis de valores morales y espirituales, a una crisis existencial que inunda de depresiones al ser y que maquilla con redes sociales y la ‘vida de ensueño’ el césped al otro lado de la cerca. Somos cada día menos tolerantes, menos empáticos, menos confiables y se ha adoptado como resultado de un entrenamiento inconsciente la falaz creencia de que, como en Facebook, Twitter o Youtube, nuestras opiniones cuentan más que los hechos y la evidencia empírica.

Yo desearía que la manta de optimismo que envuelve a muchos también me sirviera de abrigo, pero desgraciadamente abrí los ojos hace un tanto y no puedo obviar lo que me rodea más allá del umbral de mi puerta. Sigo siendo Opositivo, pero hoy, a cuatro días de este nuevo año, no puedo decir que la positividad que siempre me resguarda de las incertidumbres, me acompaña.