ESTA SE LA DEBÍA A CAPOTE

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Por Nelson de la Rosa Rodríguez
Santo Domingo.- Confieso que me costó mucho encontrar fotos de él. Gracias a Arnelio Alvarez de la Uz, vía Andy Vargas, pude acceder a algunas de ellas.
Con frecuencia mi mamá me dice por whatsapp: “Mijo, por aquí pasó Torriente, el que era pelotero y me dice que te salude de su parte”.
A Capote (Torriente) lo conocí de niño. Era un negrito flaco que “quechaba” y que para molestar a los bateadores le echaba su poquito de tierra en los pies antes que llegara el lanzamiento. Era pícaro el susodicho. Después jugó los jardines, la tercera base y hasta la inicial.
Sin embargo, fue en aquella etapa de la Pre-EIDE cuando supe realmente su nombre: Juan Antonio Torriente Capote, llegado de una familia íntimamente ligada a los deportes y que pusieron en alto el nombre de Cuba en Juegos Olímpicos y Campeonatos Mundiales.
Tony era un tipo disciplinado y ya en quinto grado le escuché tatarear aquel éxito de Manolo del Valle “No renunciaré a tu amor”, algo inusitado para mí, que sólo tenía como referencia de los bolerones aquellos de Orlando Contreras y Orlando Vallejo, que una y otra vez ponían en mi casa desde un tocadiscos que le compraron a Elena, con discos y todo.
Pero bueno, a lo que voy.
Capote, quien formó parte del equipo de San José de las Lajas que conquistó la Serie Provincial de 1988 con Gonzalito Domínguez como manager, se hizo pelotero y de los buenos, en la época donde había muchos “cabezones” y no olvido que hasta una vez leí en los periódicos que había decidido un juego como parte de la preselección del equipo Cuba juvenil frente a una escuadra norteamericana que vino de visita al país.
Y llegó a la Serie Nacional en la temporada 1987-1988 bajo la dirección de José Miguel Pineda, en un equipo donde también debutó entre otros, otro lajero casi olvidado, Carlos Marcos Hernández. Con “El Conde” repitió en las siguientes cuatro temporadas. Ya en la 92-93 estuvo las órdenes de Jorgito Hernández, en la 93-94 con Jesús Barroso y en la 94-95 con Rigoberto “Riguito” Blanco.
Luego se fue a buscar otros horizontes e integró, desde la campaña 1995-1996, la nómina de los Metropolitanos, equipo con el que jugó bajo la pupila de managers como Guillermo Carmona, Eulogio Vilanova y Juan Padilla. Fue además una pieza clave en las campañas 96-97, 97-98 y 2000-2001 en las que los Metros alcanzaron excelentes resultados. En particular se recuerda, entre otras, su actuación en aquel Play Off vs Industriales donde incluso llegó a conectar dos jonrones en un juego.
Tony Torriente desapareció un buen día del beisbol activo. Dicen que su nombre apareció en una lista de peloteros que tenía no se quién y no sé dónde y eso bastó para que lo desaparecieran como mismo hicieron con otros.
Admirado como pelotero y ser humano, Torriente Capote reapareció un día como trabajador en la Antillana de Acero y en más de una ocasión estuvo en el Comité Organizador de aquellas Copas de igual nombre.
Aquel muchacho sencillo, respetuoso al extremo, es hoy un hombre que el 22 de abril cumplirá 56 años y dejó en los libros 16 Series Nacionales, disparó 1.128 hits, incluyendo 155 jonrones, 180 dobles y 41 triples, con 622 impulsadas y un average de .270. Por cierto, su jonrón 100 se le conectó al granmense Misael López el 10 de noviembre de 1998 en el Latinoamericano.
Precisamente a fuerza de bateo se ganó un lugar en el line up de aquellos vaqueros en el que estaban toleteros como Luis Ignacio González, Oscar Macías, Pedro Luis Rodríguez, Romelio Martínez, Gerardo Miranda y Juan Carlos Millán, entre otros. Luego en la capital la historia no fue diferente.
Torriente, además, formó parte del equipo que ganó la medalla de oro en el Torneo Interpuertos de Rotterdam, Holanda, en el año 2003.
Es cierto, saldé mi deuda con Capote, pero a día de hoy son muchos, incluyendo las autoridades de su pueblo natal, que le deben a este noble hombre. Ojalá y un día, más temprano que tarde, se le dé el homenaje que merece.