ADOLFO LUQUE: ELEGÍA A PAPÁ MONTERO

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Por Pucho Oroza ()
Varadero.- Adolfo Luque es una de las leyendas del béisbol cubano, uno de los pioneros en el béisbol de Grandes Ligas que puso a Cuba en el mapa beisbolero en la meca de este deporte en los Estados Unidos.
Nació en La Habana el 4 de agosto de 1890, de familia acomodada. Su pasión derivó en el deporte, iniciando su carrera como antesalista del equipo Vedado Tennis de la Unión Atlética Amateur.
En la Liga Profesional Cubana debutó en 1912 con el equipo Fe, jugando luego con el Habana, Almendares, Orientales y Cienfuegos, terminando con balance de 106 victorias y 71 derrotas en 126 partidos. Además, fue mánager del Cienfuegos y del Almendares, ganando siete campeonatos de la Liga Cubana con los Alacranes y uno con los Elefantes.
En 1914, debuta con Los Bravos de Boston y en 1918 fue cambiado a los Rojos de Cincinnati. En su carrera en Grandes Ligas tuvo marca de 194 triunfos y 179 derrotas, con 3.24 de efectividad y 29 juegos salvados como relevista, propinando 26 lechadas y un WHIP de 1.288.
El «Habana Perfecto», como le decían, dejó registros para la historia: fue el primer lanzador latino con 100 victorias y 1000 ponches en la MLB. El primer latino también en ganar 10 juegos en una campaña. Además, se ubica sexto en victorias entre los lanzadores latinos, no nacidos en USA, con sus 194.
Luque, es el jugador latinoamericano con más triunfos en una misma temporada en la historia de la MLB, con 27 juegos, cuando en la temporada de 1923, su mejor año, conquistó la corona de pitcheo, sumando a esas sonrisas, una efectividad de 1.93, estableciendo récord para Latinoamérica de más entradas lanzadas, 322, con seis lechadas y permitiendo una sola carrera en otros cuatro juegos.
Siguiendo con las primicias, fue el primer jugador latino en asistir a una Serie Mundial, en 1919, dejando registro de una victoria sin derrotas, sin permitir carreras, con sólo tres imparables en nueve entradas y un tercio de labor. Además, es el primer latino, no nacido en USA, en ganar un juego del Clásico de Otoño.
Adolfo Luque, merece ser recordado, más allá de su exaltación al Salón de la Fama del béisbol cubano en 1958, al de México en 1985 o al de los Rojos de Cincinnati en 1967. Con su cubanía dejó siempre bien representada a nuestra isla en el mejor béisbol del mundo. Su calidad, su presencia, su inteligencia en el box, lo convirtieron en un personaje místico de la historia cubana. Un orgullo de nuestro país.