MI LETRA DEL AÑO

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Por Bruno McKenzie Alpízar
La Habana.- Admito que nunca me he tomado el trabajo de leer eso que llaman letra del año y que hace pública la Asociación Yoruba de Cuba, para advertir sobre lo que ocurrirá desde enero a diciembre. Y tampoco me he preocupado por seguir esos augurios que hizo Nostradamus y que acomodamos para que la gente crea que los escribió pensando en sus países o en el momento en que le tocó vivir.
Lo mío es más de lógica, más de razonamiento, de sentido común. Tomo como base aquello de que “dime de dónde vienes y te diré a dónde vas”. Y como sé muy bien de dónde venimos, puedo decir -o intentarlo por lo menos- hacia dónde vamos.
En 2024 viviremos momentos convulsos, con problemas en las familias, muertes de mujeres a manos de sus esposos, cónyuges o novios, sin que el gobierno tome cartas en el asunto. Habrá división de las familias, que mirarán con pavor -o con alegría- cómo los hijos se van, y hasta los nietos. Los miembros más jóvenes de los clanes saldrán en busca de nuevos horizontes, y dejarán atrás a padres y abuelos.
Miles de viviendas caerán bajo la fuerza de la naturaleza. Un par de huracanes atravesará la isla, uno de ellos de gran intensidad, y uno de los dos por el extremo más occidental. Caerán casas, volarán techos, y cientos de familias volverán a quedar desamparadas, en espera de que el gobierno envíe ayuda, que solo llegará, como siempre, con unas débiles planchas de zinc para los techos y madera de pino, de la que les gusta a los comejenes, para las paredes.
A los damnificados le darán agua de la que siempre envía Bolivia para estos casos. También unas latas de sardina, provenientes de la Unión Europea.
En La Habana también se caerán casas, edificios se derrumbarán por su propio peso y miles de familias no tendrán más opciones que irse a vivir con hijos, abuelos o amigos, a otros lugares. El gobierno mirará y culpará al de siempre: el bloqueo.
Habrá hambre. No se sembrará arroz, como desde hace muchos años. Cada vez la carne de cerdo estará más cara, y la industria azucarera casi parará. Los precios se multiplicarán para todos los productos esenciales y cada vez llegarán menos turistas.
En algunos lugares de la isla se levantará la población. Habrá cacerolazos, que serán reprimidos por la fuerza y el chantaje. Un alto general de las Fuerzas Armadas y uno del ministerio del Interior serán apresados y acusados de traición, aunque todo permanecerá oculto por meses, porque los gobernantes no quieren que se sepa que los altos jefes militares planeaban un golpe de Estado.
Dos de los históricos de la revolución morirán. Ambos fueron alguna vez vicepresidentes. Y otros dos, que solo llegaron a ministros, estarán al borde de la muerte. El bar de Sandro Castro se incendiará y quedará en ruinas, y harán una investigación exhaustiva antes de decir que fue un accidente, como el del Saratoga y la terminal de Supertanqueros, o el avión que se cayó en Boyeros.
Saldrán a la luz nuevos rumores de infidelidades de Lis Cuesta, después de haberse casado con el Hombre de la Limonada.
Esteban Lazo presentará su renuncia a presidente de la Asamblea Nacional, que condecorará a mediados de año a Edmundo García por haber entretenido a la diáspora de Miami por muchos años, y rendirá homenaje post mortem a Ricardo Cabrisas.
Luis Antonio Torres Iríbar y otros cuatro secretarios del partido comunista en provincias serán relevados de sus puestos, uno de ellos porque lo atraparon organizando una salida ilegal del país.
Randy Alonso dejará de ser el conductor de la Mesa Redonda, se divorciará e intentará quitarse la vida con posterioridad.
Alejandro Gil será sustituido como ministro de Economía por orden de Manuel Marrero,  decisión que no gustará nada a Díaz-Canel y que provocará una ruptura definitiva entre ambos.
En diciembre, Díaz-Canel dirá que no se pudieron cumplir los compromisos de 2024, que, por culpa del bloqueo y del agobio económico de Estados Unidos, no se pudo rebajar la inflación y se vanagloriará de que Cuba sea el único país del mundo que reparte un paquete de salchichas por núcleo familiar.
Faltará el café, pero la ministra de Comercio no dirá que los ríos de Canadá se congelaron. No habrá arroz, pero Marrero se cuidará mucho de referirse al Canal de Panamá y la falta de agua.
Michel Torres Corona y Humberto López contraerán matrimonio. La firma del acuerdo matrimonial será transmitida por la televisión nacional, y Rafael Serrano se va a vivir de manera definitiva a Estados Unidos.
Habrá cientos de miles de casos de dengue, con muertes incluso, que afectarán a los más ancianos, y el ministerio de Salud Pública dirá que no tiene insumos para intervenciones quirúrgicas, y que no hará más operaciones de corazón ni trasplante de órganos.
Habrá una sonada escasez de medicamentos, incluso de los que se usan para tratar la presión arterial, y un médico aparecerá en redes sociales para contar la verdad.
Por pedido del papa Francisco, el castrismo liberará a Luis Manuel Otero Alcántara y a Maikel Osorbo. Pero desgraciadamente en 2024 seguirán los mismos gobernantes de ahora, pero cada vez más debilitados, más cuestionados, aunque más gordos.
(Díaz-Canel sale solo dos veces del país, una de ellas a las exequias de Daniel Ortega)