¿SI JESÚS NACIÓ EL 25/12 POR QUÉ EL AÑO COMIENZA EL 1 DE ENERO?

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Tomado de MUY Interesante

En la Edad Media hubo reinos que empezaban el año el 25 de diciembre y otros lo hacían en primavera, pero se impuso la herencia de Roma.

Madrid.- Controlar el tiempo es cuestión de poder. Y no nos referimos a ningún superhéroe de cómics que pueda viajar al pasado o al futuro, no. La realidad es que el año en el que vivimos y el calendario que organiza nuestros días es una convención impuesta por aquellos que más poder han tenido en nuestra historia. La mayoría del mundo celebra hoy día el cambio de año el 1 de enero. Para todos estos países estamos a punto despedir el año 2023 y, he aquí lo importante: entraremos en el 2024 después de Cristo, porque empezamos a contar desde el nacimiento de Jesucristo. Esta circunstancia es la que nos lleva a pensar: si contamos desde el nacimiento del Mesías del cristianismo y se supone que nació el 25 de diciembre, ¿por qué empezamos el año cada 1 de enero?

Luperca amamantando a los gemelos Rómulo y Remo

Luperca amamantando a los gemelos Rómulo y RemoMarie-Lan Nguyen / Wikimedia

Cuando el año no empezaba el 1 de enero

Según la mayoría de los investigadores, la respuesta es la misma que podemos emplear para tantísimos aspectos que configuran nuestra vida: es una herencia de los romanos. Sin embargo, a lo largo de la historia de Europa se ha empezado el año en fechas distintas. Y, claro está, hoy día siguen existiendo en el mundo culturas que celebran Año Nuevo en otros momentos. Sirva de ejemplo el Año Nuevo Chino, que celebrarán la llegada del año 4722 el próximo 10 de febrero de “nuestro” año 2024 (sí, esto suele ser un lío morrocotudo).

En Europa también se ha celebrado el cambio de año en primavera durante varias épocas históricas, quizás una fecha con más sentido por el carácter de “renacimiento” que tiene esta estación en la naturaleza. Los antiguos romanos cambiaron de año durante mucho tiempo a mitad de marzo. En el siglo VI había cristianos que empezaban el año del 25 de marzo, día de la Anunciación y de la Encarnación, es decir, cuando, según la tradición, María supo que daría a luz a un hijo por obra del Espíritu Santo y el Verbo de Dios se hizo carne. Es por ello que, exactamente nueve meses después, el 25 de diciembre, se celebra el nacimiento de Jesucristo, un día que también ha sido escogido como inicio de año nuevo en varias épocas. En el siglo XIV, el reino de Aragón estableció de manera oficial que el año empezaba el día de Navidad, lo cual también tenía mucho sentido en la cultura cristiana.

Medir el tiempo es una cuestión de poder en base a diversos factores

Medir el tiempo es una cuestión de poder en base a diversos factoresGetty Images

¿Cómo se organizan los calendarios?

Y es que hay que tener en cuenta que los calendarios se estructuran en base a diversos factores. Por un lado está el carácter astronómico y los ciclos naturales que se viven en cada región de nuestro planeta. Ello afecta normalmente a la cultura humana que vive en esas regiones y a la manera de organizar la vida. Es decir, la agricultura siempre ha sido la base para sostener a las distintas civilizaciones y, por ende, la ocupación sobre la que giraba toda organización. A lo astronómico y cultural hay que añadirle el factor religioso, en el que influyen desde siempre los intereses políticos. De ahí que podamos afirmar que el control del tiempo es cuestión de poder, pues han sido ciertas autoridades las que impusieron una manera de medir el año. Lo explica muy bien Mónica Cornejo Valle, doctora en Antropología Social, cuando dice que:

“Todas las culturas reconocen unos ciclos u otros. En diferentes lugares del planeta la naturaleza tiene unos ciclos. Los seres humanos tenemos los nuestros y, desde luego el sistema solar tiene los suyos. Quizá la perspectiva de los astrónomos, desde los más antiguos a los más modernos, ha tendido a valorar especialmente los ajustes calendáricos relacionados con la luna, el sol, el zodiaco y efemérides como los eclipses, sin embargo, las celebraciones populares han ido variando con una cierta autonomía respecto a las consideraciones más formales y expertas de astrónomos y sabios. Desde este punto de vista de la cultura popular, la propia actividad de festejar así como la conducta ritual, los mitos y los símbolos que la acompañan presentan también su propio carácter cíclico y una explicación propia sobre el principio y el final de las cosas. La historia de cada pueblo, las creencias religiosas, los eventos políticos y la memoria colectiva proporcionan la textura característica que enriquece la uniformidad astronómica con el creativo repertorio de la diversidad humana”.

Numa Pompilio copiando las leyes de Roma dictadas por la ninfa Egeria según Ulpiano Checa

Numa Pompilio copiando las leyes de Roma dictadas por la ninfa Egeria según Ulpiano ChecaWikimedia

Y, entonces, ¿por qué el 1 de enero?

Cuenta la tradición que Rómulo, el legendario fundador de Roma, estableció un calendario de 10 meses y el año empezaba en primavera, en marzo. Esto cambió unos años después, aún en el siglo VIII a. C., cuando, según el historiador Plutarco, el rey Numa Pompilio añadió dos meses al calendario para ajustarlo a las estaciones: ianuarius (enero) y februarius (febrero). Aun así, el año siguió empezando en Roma en primavera hasta el año 153 a. C.

En la antigua Roma se contaban los años desde su fundación (Ad Urbe condita), pero también tenían el año epónimo, es decir, en función de los cónsules nombrados (durante el consulado de Fulanito y Menganito). Los cónsules se elegían anualmente en los idus de marzo (el 15 de marzo), cuando comenzaba el año. En el 153 a. C. hubo un general que pidió al Senado adelantar la fecha de nombramientos para que las tropas destinadas a la guerra celtíbera llegaran antes y preparar la campaña de cara a un ataque en primavera. Fue así como se colocó por primera vez el comienzo del año al 1 de enero.

Este cambio del calendario ganó un carácter más definitivo con la reforma del año 46 a. C. dispuesta por Julio César, el calendario juliano, vigente en varios países de Europa hasta el siglo XX, cuando países como Rusia y Grecia adoptaron, por fin, el calendario gregoriano, el que tenemos actualmente en todo Occidente y el oficial en casi todo el mundo. Su artífice fue el papa Gregorio XIII, quien en 1582 reformó el calendario juliano para mejorar ciertos errores de cálculo y se extendió su uso a los países católicos, donde, por herencia romana, el año siguió iniciando el 1 de enero.

Retrato del papa Gregorio XIII atribuido a Bartolomeo Passerotti

Retrato del papa Gregorio XIII atribuido a Bartolomeo Passerotti