HOY EN LA HISTORIA: A 36 AÑOS DE LA MUERTE DE MARGUERITE YOURCENAR

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Por José Walter Mondelo

La Habana.- Se cumplen hoy 36 años de la muerte de la incomensurable Marguerite Yourcenar, novelista, ensayista, poeta, dramaturga y traductora francesa. Primera mujer en entrar en la Academia Francesa, sus hermosos y poéticos cuentos, sus profundos y meditados ensayos, y sus impresionantes novelas históricas, tan eruditas como reflexivas, le aseguraron la inmortalidad. Su capacidad para recrear épocas pasadas y dar vida a personajes históricos con una voz auténtica y contemporánea resulta verdaderamente fascinante.
Manifestó en sus libros una profunda empatía con todos los seres humanos (recopiló durante veinte años spirituals negros, oraciones de los pueblos afrodescendientes del siglo xix, que definió como “patrimonio poético de la humanidad”), así como su unión con todo lo vivo, incluyendo la defensa de los animales (en un capítulo de Opus nigrum, Zenón compra una jaula de conejos que le venden para cocinar y los libera en el bosque).
Su legado resulta, en verdad, inabarcable. Comparto una breve muestra de su pensamiento.

– Cuando vuelvo a verte, todo se torna límpido.
– Existe entre nosotros algo mejor que un amor: una complicidad.
– Nuestro gran error es intentar obtener de cada uno en particular las virtudes que no tiene, y desdeñar el cultivo de las que posee.
— El frote de dos parcelas de carne no define el fenómeno del amor así como la cuerda rozada por el dedo no explica el milagro infinito de los sonidos.
– Sí, Atenas era siempre bella y no lamentaba haber impuesto disciplinas griegas a mi vida. Todo lo que poseemos de humano, de ordenado y lúcido, a ellas se lo debemos.
– No vemos dos veces el mismo cerezo ni la misma luna sobre la que se recorta un pino. Todo momento es el último porque es único.
– El sufrimiento nos hace egoístas porque nos absorbe por entero: sólo más tarde, en forma de recuerdo, nos enseña la compasión.
– Quizás comprendiste ya que los fantasmas son invisibles porque los llevamos dentro.
– En todas las épocas hay personas que no piensan como los demás. Es decir, que no piensan como los que no piensan.
— Mucho me costaría vivir en un mundo sin libros pero la realidad no está en ellos, puesto que no cabe entera.
– En el caso de la mayoría de los seres, los contactos más ligeros y superficiales bastan para contentar nuestro deseo, y aún para hartarlo. Si insisten, multiplicándose en torno de una criatura única hasta envolverla por entero; si cada parcela de su cuerpo se llena para nosotros de tantas significaciones trastornadoras como los rasgos de un rostro; si un solo ser, en vez de inspirarnos irritación, placer o hastío, nos hostiga como una música y nos atormenta como un problema; si pasa de la periferia de nuestro universo a su centro, llegando a sernos más indispensables que nuestro propio ser, entonces tiene lugar el asombroso prodigio en el que veo, mas que un simple juego de la carne, una invasión de la carne por el espíritu.
– La amistad es, ante todo certidumbre, y eso es lo que la diferencia del amor.
– Un hombre que lee, que piensa o que calcula, pertenece a la especie y no al sexo; en sus mejores momentos llega a escapar de lo humano.
– Somos todos iguales: le tenemos miedo al drama, pero a veces somos lo bastante románticos para desear que ocurra y no nos damos cuenta de que ha empezado ya.
– ¿A dónde huir? Tú llenas el mundo. No puedo huir más que en ti.
– Escucha con la cabeza, pero deja hablar al corazón.
– Toda felicidad es inocencia.
– Cuando más importante es una cosa, más parece que queramos callarla.
– Nuestra vida. Una vida que sólo a nosotros pertenece, que no viviremos más que una vez y que no estamos seguros de comprender del todo.
– De todos nuestros juegos, el juego del amor es el único que amenaza con perturbar el alma…
– El amor y la locura son los motores que hacen andar la vida.
– El descuido es un sucedáneo de la mentira.
– Tener razón demasiado pronto es lo mismo que equivocarse.
– A veces hace falta un ramalazo de locura para construir un destino.
– Las leyes cambian menos rápidamente que las costumbres; son peligrosas cuando quedan a la zaga de éstas, pero aún lo son más cuando pretenden precederlas.
-Hay que amar mucho a una persona para arriesgarse a padecer. Tengo que amarte mucho para ser capaz de padecerte.
-Amar con los ojos cerrados es amar como un ciego. Amar con los ojos abiertos tal vez sea amar como un loco: es aceptarlo todo apasionadamente. Yo te amo como una loca.
-Todos estamos incompletos…Todos nos hallamos divididos y somos fragmentos, sombras, fantasmas sin consistencia. Todos creemos llorar y gozar desde hace siglos.
-No me quejo de que las cosas, los seres, los corazones sean perecederos, puesto que parte de su belleza se compone de esta desventura. Lo que me aflige es que sean únicos.
-No hay amor desgraciado: no se posee sino lo que no se posee. No hay amor feliz: lo que se posee, ya no se posee.
-Casi todo lo que los hombres han dicho de mejor lo han dicho en griego.