ÉPOCA DECEMBRINA

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Por Gretell Lobelle ()
La Habana.- Diciembre no es un buen mes para mí, al menos no es uno de los meses que más me agradan. No es como en enero, cuando nació mi hija; o en agosto, el mes en que nació mi madre. Esos natales son las únicas fechas que me emocionan.
Mi hija me recuerda que no suelo ser de fechas. Nunca he sido de fechas, menos de las de despedir el año. Quizá porque aprendí hace mucho sobre el acto de dejar ir, comprendí el soltar a través de ausencias y pérdidas. Muy temprano, personas importantes dejaron de estar en fechas significativas; personas a quienes hubiera querido abrazar, reír y con quienes celebrar. Quizá, como mecanismo para alejar la tristeza, fui disolviendo los días señalados y muchas veces opté por pasarlos completamente sola. He pasado muchas épocas decembrinas estando completamente sola, sin mi hija y sin mi madre, quienes son mi santísima trinidad.
Ver la vida desde una perspectiva de creación, agradecimiento y equilibrio se ha convertido en el camino que abrazo cada mañana y pretendo recorrer. Soy isleña, comprenderlo cambia por completo la perspectiva. Esta es una plegaria hebrea que he compartido con muchos amigos, en momentos en los cuales he sentido que mis palabras no pueden hacer mucho, por lo que regalo las palabras de otros.
La vida es un hermoso viaje y la presencia de los afectos está, sobre todo, en nuestros corazones. Desprenderse sería la palabra correcta. Nadie es dueño del otro. Los caminos pueden ser diversos; el amor debe empezar por aceptar y desear la felicidad del otro. No hay amor en el acto de retener, limitar o condicionar la libertad y el camino del otro. La vida es un viaje personal, una responsabilidad propia. Vivir debería ser un camino de aprendizaje, liberación y ligereza.
*Antigua plegaria Hebrea:*
Que tus despertares te despierten. Y que al despertarte, el día que comienza te entusiasme.
Y que jamás se transformen en rutinarios los rayos del Sol que se filtran por tu ventana en cada nuevo amanecer.
Y que tengas la lucidez de concentrarte y de rescatar lo más positivo de cada persona que se cruce en tu camino.
Y que no te olvides de saborear la comida, detenidamente, aunque «solo» se trate de pan y agua.
Y que encuentres algún momento durante el día , aunque sea corto y breve, para elevar tu mirada hacia lo Alto y agradecer, por el milagro de la salud, ese misterio y fantástico equilibrio interno.
Y que logres expresar el amor que sientes por tus seres queridos.
Y que tus brazos, abracen. Y que tus besos, besen.
Y que los atardeceres te sorprendan, y que nunca dejen de maravillarte.
Y que llegues cansado y satisfecho al anochecer por la tarea satisfactoria realizada durante el día. Y que tu sueño sea calmo, reparador y sin sobresaltos.
Y que no confundas tu trabajo con tu vida, ni tampoco el valor de las cosas con su precio. Y que no te creas más que nadie, porque, solo los ignorantes desconocen que no somos más que polvo y ceniza.
Y que no te olvides, ni por un instante, que cada segundo de vida es un regalo, un obsequio, y que, si fuésemos realmente valientes, bailaríamos y cantaríamos de alegría al tomar conciencia de ello. Como un pequeñísimo homenaje al misterio de la vida que nos acoge, nos abraza y nos bendice.