¿QUIÉNES SON LOS TERRORISTAS? I

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Por Jorge Sotero
La Habana.- El gobierno de La Habana, en ese afán de responder a todo y a todos, de no quedarse dado, como hacen los niños en esos años de la primaria, acaba de nombrar terroristas a todos aquellos que desde fuera de la isla mantienen viva una cruzada contra el castrismo por las redes sociales, entre otras cosas. Nada más.
La lista es amplia y va desde Manuel Milanés hasta Alex Otaola, sin olvidar a Ultrack o Eliecer Ávila, incluso hasta el tonto de Paparazzi cubano, un aburrido youtuber que siempre anda anunciando primicias que nunca fueron. Aunque admito que, cuando los sucesos del 11 de julio de 2021, se las arregló para mantener abierto su canal durante horas e informar a la población.

La lista de ‘terroristas’ del gobierno cubano incluye a 61 personas naturales y 19 instituciones, recogidos en el expediente 71/2021, con la aclaración de que todos ellos incitan «a la realización de acciones que afectan el orden social en Cuba, mediante actos violentos contra funcionarios públicos y el normal funcionamiento de entidades socioeconómicas; así como a promover la agresión armada contra Cuba».
A algunos pudiera parecerles cosa de locos, pero no lo es tanto, porque el gobierno cubano responde hasta a los memes en las redes sociales. Cuando alguien con sentido del humor y habilidades se burla del impuesto presidente Miguel Díaz-Canel, siempre aparece alguien del estamento que gobierna para decir que le están faltando el respeto al mandatario, quien, de por sí, es un meme andante, por lo que dice y por lo que hace.

Lo mismo pasa con su esposa y con el superbarrigón del primer ministro, Manuel Marrero, que le hace más daño a Cuba que todos los youtubers e influencers acantonados en Miami, desde donde ayudan a descubrir los desmanes de la familia Castro, sus cortesanos y los ‘pejes’ gordos del entramado gobernante, la buena vida que se dan, y la miseria y el sufrimiento del pueblo.
Pero el gobierno de La Habana está dolido, porque Estados Unidos lo mantuvo en la lista de países patrocinadores del terrorismo, un acierto de Washington con un régimen que ha llenado de agentes a toda América Latina y también a muchos países de África y Asia, durante décadas.

La Habana no puede olvidar que soldados suyos estuvieron en República Dominicana, en Venezuela, en Bolivia, en el norte de Argentina, en Argelia, Angola, Etiopía, y que en muchos de esos lugares fueron responsables de la muerte de hijos de esos países.
Cuba vendió armas, infiltró agentes, preparó a oficiales del Frente Farabundo Martí, de El Salvador, y del Frente Sandinista, en Nicaragua, y por años se inmiscuyó tanto en las Fuerzas Armadas de Venezuela y Bolivia, por ejemplo, que los oficiales de esos países iban a las respectivas embajadas cubanas en busca de promociones, porque en el seno de las entidades castrenses se creía -y no sin razón- que las designaciones para los altos cargos contaban con el beneplácito de La Habana.
Un diplomático amigo, de esos que se jubilaron y que de vez en cuando cuenta sus vivencias en alguna tertulia en familia, me describió, con lujo de detalles, cómo funcionó eso en Venezuela durante muchos años, y también en Bolivia, donde no estuvo, pero lo supo por intermedio de un colega que estuvo allí.

Y entonces, ese mismo gobierno se toma la atribución de nombrar terroristas a sus críticos, a personas que en la inmensa mayoría de los casos solo se han dedicado a hablar, a destapar lo que tan bien el castrismo ha mantenido en secreto por años: sus fechorías, sus crímenes, su vida de lujos, sus negocios… si no fuera por los influencers, por los medios independientes, con sede en Miami o en otros lugares, la inmensa mayoría de los cubanos seguiríamos creyendo, a pie juntillas, las mentiras de la tiranía.
Cuba necesita más ‘terroristas’ como esos que el gobierno nombra, más medios independientes, más personas empeñadas en defender los intereses de los oprimidos, de los que mueren de hambre, de los encarcelados, de los presos por tener una opinión y expresarla, porque esos, en su conjunto, mantienen en jaque a un gobierno que se tambalea.