NO ME PROPONGAN MACHO, QUE NO QUIERO

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Por Gretell Lobelle

Mantilla.- Yo creo que el universo no está oyendo bien mis mensajes o está en soberano atentado a mi persona. Ustedes dicen que las cosas que a mí me pasan, pero es que pasan.

De aquí saldría un cuento, pero ando quitá. Limpiando el aura. Poniendo en su sitio el desamor de los otros. Coño, pero que a una le caigan del cielo estas cosas! Yo aquí, tranquilita, esperado mi guagua y él me llama:

-Oye, ¿sabes quién te habla?
-Pues nop.
-Mami, Renecito. ¿Cómo estás? ¿Mami, qué vas a hacer luego?
-Hummm, ando camino a Matanzas.

Yo loca por preguntarle cuando mata el puerco. Este hombre es el tipo que cría puercos en el barrio, por ende tiene mis contactos y «el macho es el macho y lo demá bobería».

Me da pena y le digo que lo veo a la vuelta. ¡Error! No hay nada peor que las curvas por amabilidad. Ustedes me ven toda actitud de perreo y/o desaguacatamiento, pero con los aseres de Mantilla soy una dama.

El barrio lleva la “mejor de las formas”, Mantilla merece todo mi glamour. Me he descompuesto muy pocas veces, porque si hay un sitio donde soy fina y parisina es aquí. El barrio merece respeto total.

Las mojigaterías no me van. En lo íntimo que te digan perra tiene su morbo y que te muerdan pues más. Pero así, sin más, sin un preámbulo como me aborda Renecito, con un mami incluido, como si le hubiera dado teta, que va. Además, una le tira más a la marginalidad académica, al perreo íntimo y selectivo.

Hace rato que me ronda, literalmente, y yo dando paso, siempre con el aquello de necesitar macho y bueno. En amores, quizá sea mi gran problema, nunca me ha convencido una banda de puerco. Como van las cosas, no sé si para enero mi idea del amor cambie. Yo a los Renecitos del pueblo los mantengo en distanciamiento social.

Me vuelve a llamar. Yo juyuya en la terminal. No quiero hablar más y él con más saldo que ETECSA. No entiendo qué le pasa a la gente en diciembre: o es el mes en conjunción de Júpiter en Capricornio, o qué se yo.

El caso es que ando toa erizá. Este hombre escribiendo y bajándose unos mensajes que si vinieran de otro me subirían la croqueta. Me encantarían. Me encenderían. Ubicaría al emisor en contexto y más, en ese juego en que se cuela la mente con un «¡mami tengo macho pa ti»!

Pero Renecito es vulgar de una manera burda, de la manera que traduce el amor en una banda de puerco. Y yo soy una mujer de artistaje, mezclas de sutilezas que deben adornar al perro con epistemología y con códigos a lo Eco.

Soy mujer de olor a mar, de idealizar un acto, volverlo ceremonia. De jugar en la seducción a límites donde el dar solo es un rol que juega cualquiera. Sé que mi amor es difícil. Sé que este romanticismo me tiene sin jevo y sin macho.

-Hombre, ya voy a abordar el ómnibus, avísame cuando mates…