EL CUBANEO DE MIAMI

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Por Esteban Fernández Roig Jr. ()
Miami.- ‘Donde fueres haz los que vieres. Esa frase fue pronunciada por primera vez en el siglo IV por San Ambrosio de Milán, considerado uno de los padres de la actual iglesia católica.
Esta inteligente oración indica que, por educación y conveniencia, debemos acomodarnos a las costumbres y usos del lugar en el que uno se encuentra.
Vaya, cubano cien por ciento he sido siempre, pero aquí, en Miami, rápidamente estoy tratando de acomodarme al glorioso “cubaneo”.
Si la temperatura baja a 70 grados Farenheit comienzo a decir como el resto de mis compatriotas: “¡Ñooo está soplando el mono!”
Abro el clóset, imito a la mayoría de mis hermanos cubanos, busco y me pongo ese abrigo que he usado una sola vez en mi vida en un crucero en Alaska. Y pienso usarlo por lo menos tres veces este “invierno” en Florida.
En todos mis largos años de exilio nunca había tomado chocolate con churros. Ni cuando estaba en Fort Knox, Kentucky, bajo cero.
Pero, aquí -para seguír la sabrosa tradición cubiche- le pregunto a mi mejor amiga ¿dónde encuentro el mejor chocolate con churros?”, y me dice que en “La Palma” y pa’llá me fui.
Ya estoy manejando muchísimo más rápido, casi casi como la mayoría de mis compatriotas, y nadie me acosa tocando el claxon detrás de mi. Y pa’que sepan ya le he pitado a varios lentos choferes cuatro veces este mes.
Fui al “Florista” a comerme un sándwich y llevarme otro para la casa y le dije al camarero: “Socio, un cubano pa’quí y otro que se va”.
Paré en el Versalles a tomarme un café y pedí: “Dame un cortadito y un pastelito refugiado”.
En la entrada habían como 10 coterráneos discutiendo de política, les hablé como si fueran mis amigos desde hace 20 años, me uní a ellos, les presenté “mi plan” de cómo derrocar a la tiranía, vaya para estar acorde con ellos.
Pero, parece que todavía no he logrado completamente mi objetivo porque al visitar “Sentir cubano”, junto a mi hija Sandra (en la foto), un caballero me preguntó: “¿Señor, y de qué país es usted?”
Es decir, que todavía no me he aclimatado del todo. Pero, yo no “desmayo la talla”. Les prometo que antes de un año me gradúo completamente de “cubano-miamense”.