PABLO RAFAEL ALFONSO: EL CUENTERO MAYOR DE SAN JOSÉ

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Por Pablo Alfonso
México DF.- Mi padre está de cumple hoy. Estar en México y no acordarme de él, es imposible, mucho menos el día que llegó a este mundo.
Recorrer las calles del Distrito Federal, ver sus anchas avenidas y palpar la cultura de este país, me transportan a las historias de Pablo Rafael Alfonso García, el cuentero mayor de San José de Las Lajas, como lo bautizó José Antonio Fulgueiras.
Papi siempre nos decía que cantó con Jorge Negrete. Les juro que mi padre tenía voz y afinación para eso y mucho más, pero sé que el ídolo de México nunca entonó una nota musical con mi padre.
También nos contaba que estuvo en el recibimiento que se le hizo a Pedro Infante en La Habana. Muchas fueron las personalidades de la época que le dieron la bienvenida a la estrella mexicana. Decía mi padre que lo conoció. Incluso, que Pedro Infante lo abrazó, lo llamó por su nombre y le dijo ‘Rafa, qué casualidad, los dos nacimos un 18 de noviembre’. Nosotros solo nos reíamos y lo cogíamos para el choteo, pues mi padre solo tenía 12 años cuando el actor y cantante mexicano visitó la Isla.
Las ocurrencias de Rafael le quedaban muy bien. Era un tipo bien parecido, tenía mucho carisma, y lograba atrapar con mucha facilidad a su interlocutor. Algunos le creían sus cuentos, otros no, pero le seguían la corriente.
Una de sus historias más conocida, fue cuando mi hermana Dianelys Alfonso (La Diosa) vivía en Francia. Mi hermana lo llevó a conocer ese país y también Italia. Fueron días maravillosos los que pasó mi padre en el viejo continente. Hasta regresó con un disco donde plasmó su exquisita e inconfundible voz para la eternidad.
Todo el que fue a visitarlo a su regreso, escuchaba siempre su disco y luego la música de Dianelys. Su equipo era de aquellos donde podías insertar tres discos a la vez. Mi padre, solo ponía dos, el de él y el de Dianelys. Ni Alejandro Sanz, ni Maná, ni nadie más se dejó escuchar en sus parlantes. Solo papi y Dianelys. Nos saturaba a todos con la misma música. Porque adoraba a su hija pequeña. Hoy, en su cumple, sé que está muy feliz al ver los triunfos de la Diosa.
Pero no solo había que escuchar esas canciones, sino sus historias. Recuerdo la que más le gustaba contar: el encuentro con su Santidad Benedicto XVI. A todos nos decía que estuvo en El Vaticano, y justo cuándo entraba, el Papa iba pasando por uno de los pasillos del segundo piso y al mirar hacia abajo se percató de la presencia de mi padre, desde arriba le gritó… ‘Rafaelllll, ¿tú no eres Rafael el de San José?’ Y se dieron un fortísimo abrazo. Las cosas de mi padre… Como les decía, conoció Italia, pero nunca estuvo en El Vaticano.
Uno de sus cuentos estrellas es el del tiburón que pescó. Decía que era muy grande y logró vencerlo a golpe de fuerza y de la táctica que poseía por los años dedicado a la pesca submarina. Una vez vencido el gigantesco pez, le abrió la boca y logró sacar vivito y coleando a un hombre. La gente lo miraba y le decían, afloja Rafa, afloja. ‘Lo dudan -ripostaba mi padre-, pues te llevo a Alamar para que veas si el hombre está vivo o no’. Incluso, trató de buscar credibilidad con mi hermana Bárbara Isabel: -‘Pregúntale a mi hija si es verdad o no. Responde tú, Isa- decía, pero mi hermana le respondió: ‘papi, no me cojas para eso’.
Mi padre llegó a ser el Presidente de la Federación de Pesca de San José de las Lajas, y de vez en vez, todos los afiliados se iban de pesquería. Recuerdo que uno de esos días fue a verlo a su casa mi hermano Carlos Rafael. Nada más lo vio entrar, le enseñó la ensarta de peces que traía y le dijo: -Mira todo lo que pesqué. Hoy sí fue tremendo. ¡Qué bien me fue!.
Más tarde, Deisi, su esposa, quien lo acompañó hasta su último día, le dijo en voz baja a mi hermano: ‘no pescó ni uno, esos se los compró a Eugenito, que fue quien los pescó’. Carlitos tuvo que aguantar la risa.
Una vez fui a verlo al hospital de emergencias en La Habana, con Orlando Herrera (El Amezaga) mi camarógrafo de entonces. Mi padre le dijo a Orlando que él fue quien capturó a Julio Emilio Carretero el jefe de una de las bandas armadas en el Escambray. Orlando no pudo aguantar más: ‘Ven acá, Rafael, si tu fuiste el que cogiste a Carretero, ¿por qué no se habla de ti en la película El hombre de Maisinicú? Está bueno ya, Rafael, si tu no sabes ni dónde queda el Escambray’.
Orlando se fue y me dejó solo con el viejo. Había que ver la cara de risa de mi padre: ‘viste, viste cómo dejé al negro’.
Según Papi, también conoció a Benny Moré. Nos decía que siempre iba a disfrutar del Bárbaro del Ritmo al Rincón del Benny, en el Alí Bar, en La Habana. Muchas veces, tuvo que llevarlo hasta su casa, nos contaba, pues el músico se pasaba de tragos, y afirmaba que llegaron a tener una bonita amistad.
En una ocasión el Benny actuó en la fraternidad de San José. Mi padre no tenía dinero para entrar a verlo, entonces se paró en la puerta a esperar que pasara el Benny, y cuando el gran sonero lo vio, lo abrazó y le dijo: ‘-Rafa, ¿cómo estás? Ven conmigo – y lo entró a su concierto. Nadie le creía. Rafael le dijo a mi madre: ‘-Mercedes, cuéntale tú ¿si eso es cierto o no? Mi madre solo le espetó: -¿Cuándo en tu vida tú has visto al Benny, Rafael?
-Estás perdiendo la mente ya -fue lo que atinó a decirle mi padre a mi madre.
El actor Ángel García (Antolin el Pichón) tampoco escapó a los cuentos de mi padre. NG La Banda actuaba en Cienfuegos y el humorista se le acerca a mi hermana, quien por aquel entonces era una de las cantantes de la agrupación y le pregunta: ‘Oye, ¿tú eres hermana de los músicos de San José? ¿Tú eres hija del mentiroso ese de San José? Mi hermana no supo qué responder.
Pero las palmas se las lleva el cuento del perro, el gato y el majá. En cierta ocasión salió con su nieto mayor Hamlet Gómez Alfonso, al Cotorro. Allí comenzó a hacer de las suyas, ante los presentes. Se ajustó el sombrero y con una voz de trueno encantador, dijo: -‘Cuándo yo era niño, vivía en un poblado llamado Pastorita. Allí Argelio Ontiveros tenía un perro, un gato y un majá. Ontiveros le pedía al perro que sujetara al gato, al gato que trepara al lomo del perro y al majá que subiera encima del gato. Luego ordenaba al reptil que enroscara completamente al perro y al gato hasta solo quedarles fuera un trozo de la cola’.
Los oyentes se movían lentamente en sus asientos, intercambiaban miradas. Su nieto deseaba hundirse en la tierra. Pero el cuento no terminó ahí, continuó: -‘Un día el viejo murió, al regresar los familiares del cementerio, se percataron de que no estaban en la casa ni el perro, ni el gato, ni el majá. La misteriosa perdida consternó aún más a todos. Al mes del fallecimiento del viejo Ontiveros, la familia fue al cementerio a reponer las flores, y !qué gran sorpresa se llevaron al encontrar en la fría tumba al perro, al gato y al majá, muertos los tres!
En aquella amplia terraza de El Cotorro hubo un silencio sepulcral. Uno se levantó a tomar agua, otro a fumar, otros sonrieron y solo una vieja desdentada se atrevió a decir: ‘apretaste, Rafael’.
Así iba mi padre por el mundo con sus cuentos. Y cuando cantaba, a todos encantaba. Hoy estuviera cumpliendo 83 años. Ayer fue el mío, quería a toda costa que mi madre me trajera a este mundo el 18 y no el 17 de noviembre. Mi madre no pudo aguantar. Pero fue mejor así. Teníamos dos días seguidos de fiesta, dos días de cuentos.
Cuánto diera por escucharlos de nuevo. Si estuvieras, a todos les iba a decir, que todo lo que contabas era cierto, que sí sacaste a un hombre de un tiburón, que sí cantaste con Jorge Negrete, que Pedro Infante te abrazó, que fuiste amigo del Benny y del Papa. Y que el perro, el gato y el majá se murieron de tristeza, como morimos hoy los tuyos por no tenerte. Como te extrañamos todos tus hijos y tus nietos, cojones. Espero que sigas haciendo esas historias donde quiera que estés y cuándo nos volvamos a ver, tengas otras nuevas que contarme. Espero que estés hoy junto a Pedro Infante celebrando el cumple de los dos.
Felicítalo de mi parte. Le dices que ando por su tierra y que la Diosa algún día cantará un tema de él.
Feliz cumple, Papi.

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