HOY EN LA HISTORIA: A 10 AÑOS DE LA MUERTE DE DORIS LESSING

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Por José Walter Mondelo
La Habana.- Hace hoy diez años nos dejó la gran Doris Lessing, novelista y poeta británica, una cumbre de la literatura en lengua inglesa del pasado siglo, autora se Canta la hierba (1950), El cuaderno dorado (1962), La ciudad de las cuatro puertas (1969), Memorias de una superviviente (1974), La buena terrorista (1985) y Las cárceles elegidas (1986). Aquí una selección de sus luminosas frases y un fragmento de su hermoso discurso al recibir el Premio Príncipe de Asturias (2001).
La escritura es una forma de liberación, una manera de expresar lo que no se puede decir en voz alta.
La superstición con que fuimos educados no pierde su poder sobre nosotros, aun cuando no lleguemos a creer en ella.
No confíes en un amigo sin defectos y ama a una mujer, no a un ángel.
El aprendizaje es lo siguiente: De repente entiendes algo que has comprendido toda tu vida pero de manera diferente.
El amor es un juego de paciencia y resistencia, una danza infinita entre dos almas que se buscan y se encuentran una y otra vez.
En la universidad no te enseñan que la ley más importante de todas es aprender a tolerar a los tontos.
La voluntad y no el don hace al donador.
Pedir un préstamo no es mucho mejor que mendigar, del mismo modo que prestar dinero con intereses no es mucho mejor que robar.
La risa es, por definición, saludable.
El talento es algo bastante corriente. No escasea la inteligencia, sino la constancia.
Con una biblioteca eres libre, no estás confinado por el clima político del momento. La biblioteca es la más democrática de las instituciones, porque nadie en absoluto puede decirnos qué leer, cuándo y cómo.
Escribir te hace más humano.
La literatura es el análisis del acontecimiento que ya ha pasado.
Sólo se puede aprender a ser mejor escritor escribiendo.
Las cosas pequeñas entretienen a las mentes pequeñas.
Piense mal si quiere; pero en cualquier caso, piense por sí mismo.
La diferencia en las grandes personas es que tratan a las cuestiones importantes como cuestiones importantes y a los asuntos insignificantes como asuntos insignificantes.
Creo que nosotros, y me refiero a la raza humana, tenemos una idea falsa de que podemos controlarlo todo, y no es así. Somos expertos en adaptarnos al cambio, ahora a la guerra, a las enfermedades que van surgiendo, a los virus… Nos vamos adaptando a todo. Creo que eso es admirable, por eso sobrevive la raza humana.
Se tienen menos necesidades cuanto más se sienten las ajenas.
Me he vuelto muy intolerante con las ideologías. Pertenezco a una generación de grandes sueños, de utopías de sociedades perfectas, y lo que ha ocurrido es que ha habido mucha sangre. He observado a gente de mi generación que tenía grandes esperanzas y ahora la veo muy atrasada respecto a sus expectativas. Ya no creo en esos sueños perfectos y maravillosos.
Nunca sabemos de lo que somos capaces hasta que nos enfrentamos a la adversidad y descubrimos nuestro verdadero poder.
La educación es el arma más poderosa que tenemos para cambiar el mundo, pero solo si la utilizamos correctamente.
El arte es la forma en la que el ser humano se conecta con lo divino, es nuestra manera de trascender la mortalidad y alcanzar la eternidad.
El poder de las palabras es inmenso, pueden ser la herramienta más destructiva o la más constructiva, dependiendo de cómo las utilicemos.
La sociedad nos enseña a conformarnos con lo establecido, pero es en la rebeldía y la disidencia donde se encuentran las verdaderas respuestas.
La realidad es que todos estamos solos en este mundo, pero eso no significa que debamos renunciar a buscar conexiones verdaderas y significativas con los demás.
La vida es un viaje de descubrimiento personal, un constante aprendizaje sobre quiénes somos y qué queremos lograr en este mundo.
No hay atajos ni fórmulas mágicas para alcanzar la felicidad, solo se logra a través de un constante trabajo en uno mismo y la aceptación de nuestras propias limitaciones.
El gran secreto que comparten todos los viejos es que casi no cambias en setenta u ochenta años. Tu cuerpo cambia, sí, pero tú no cambias en absoluto.
Durante siglos se respetaron y se apreciaron la lectura, los libros, la cultura literaria. La lectura era -y sigue siendo en lo que llamamos el Tercer Mundo-, una especie de educación paralela, que todo el mundo poseía o aspiraba a poseer. Les leían a las monjas y monjes en sus conventos y monasterios, a los aristócratas durante la comida, a las mujeres en los telares o mientras hacían costura, y la gente humilde, aunque sólo dispusiera de una Biblia, respetaba a los que leían. En Gran Bretaña, hasta hace poco, los sindicatos y movimientos obreros luchaban por tener bibliotecas, y quizás el mejor ejemplo del omnipresente amor a la lectura es el de los trabajadores de las fábricas de tabaco y cigarros de Cuba, cuyos sindicatos exigían que se leyera a los trabajadores mientras realizaban su labor. Los mismos trabajadores escogían los textos, política e historia entre ellos