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—Salvo una lámpara a la que le faltaba un bombillo, no noté diferencia alguna en el salón plenario del Palacio de las Convenciones entre el Congreso de los CDR y el de los periodistas.

—Te hablo de cosas más sustanciosas. Las declaraciones precongreso de Ronquillo eran tan contundentes que yo imaginé que no llegaría incólume al día posterior de la clausura.

—¿Era para tanto?

—Cómo no. Un día le oí clamar por «dejar atrás los modos discursivos propagandísticos». Yo pensé que de un momento a otro la cámara tomaría a Machado Ventura diciéndole al presidente: ¡Cómetelo!

—Allá tú que le haces caso. Recuerdo cuando en mayo de 2021 convocó al gremio a «superar los problemas estructurales de nuestro sistema público de prensa (“que avanza hacia su solución definitiva”, agregó después), impulsados por los análisis críticos realizados en los tres últimos congresos del Partido». No le dio vergüenza afirmar que el tema se ha vuelto machacoso. ¿Por qué no reveló que el informe central del VI Congreso del Partido, en el 2011, ya incluía que se requiere «dejar atrás, definitivamente (oye eso: “definitivamente”) el hábito del triunfalismo, la estridencia y el formalismo al abordar la actualidad nacional»?

—Me acuerdo de eso. Apuntaba también que «la suma de esos factores explica la difusión, en no pocas ocasiones, de materiales aburridos, improvisados y superficiales».

—Apuntaba, sí, pero ese y otros informes nunca dieron en la diana.

—Fueron tan aburridos como lo que criticaban.

—El propio Ronquillo recordó que los antecedentes de este experimento periodístico que pretende impulsar vienen desde 1976. ¿Te imaginas?: casi medio siglo tratando de cambiar las cosas y los periodistas no aprenden, ¡con lo que les gusta al Partido y al Gobierno que la prensa los señale como parte del control popular, que tengan que rendir cuentas por todo lo que hacen o deshacen!

—Me estoy poniendo colorado.

—Si «la política informativa la decide el Partido» (quedó claro en el IX Congreso de la Upec, año 2008), ¿hay que culpar a los periodistas de lo que ellos mismos tras bambalinas propugnan?

—Los periodistas se pasan.

—Ahora mismo, tras el Congreso recién culminado, me pregunté quién es esa mujer que eligieron vicepresidenta primera en sustitución de la anterior. Busqué su obra y encontré un artículo con una frase originalísima: «El 8vo. Congreso del Partido Comunista de Cuba, para esta cubana, resultó como una soberana vacuna ideológica para nuestra nación». Por desgracia no nos inmunizó contra ella.

—Ni contra otro de los vice. Se atrevió a decir que este congreso de los periodistas fue «Un parteaguas entre el periodismo que tenemos y el que nuestra ciudadanía reclama y necesita».

 —Seguirá lloviendo.

—Anjá.

—Pero no truenan a nadie.

—Qué van a tronar, si las redacciones se quedan vacías. Hasta el Granma está pidiendo periodistas por señas.

—Alegan problemas salariales. Ahora pregúntate cómo, si ellos también lo sufren, no han sido capaces del Ordenamiento hacia acá de publicar un solo análisis crítico sobre este.

—Habrá que proponerles, tras la presentación del «Mapa de la comunicación de la prensa cubana», que se instalen GPS a ver si uno puede localizarlos cuando más falta hacen.

—No puede esperarse otra cosa cuando se oye hablar de la «preservación atemperada a los tiempos que corren de un posicionamiento ideológico y moral sólido, consciente y declarado».

—Me sigo poniendo rojo.

—El bate lo partió Randy Alonso cuando aseveró que «La mediocridad no puede ser el destino de nuestro periodismo».

—Después dice el Grupo Cardiovascular que es evitable la muerte súbita.

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