¿ES SERIO LO DE ATRAER A LOS INVERSORES EXTRANJEROS?

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Por Jorge Sotero

La Habana.- El gobierno cubano ratifica la voluntad de crear condiciones favorables para atraer a la inversión extranjera, como parte de un plan a largo plazo -hasta 2030, que ya no es tan largo- conocido como Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social de Cuba hasta esa fecha.

Eso, al menos, es lo que dice el diario Granma, cuya credibilidad cae cada vez más en picada, mientras refiere esas maniobras que tiene que hacer el país para garantizar que un grupo de tontos o habilidosos inversores foráneos decidan poner su plata en la isla para luego, cualquiera sabe cómo, poder llevarse sus ganancias.

La Feria Internacional de La Habana (FIHAV-2023), que apenas acaba de iniciarse, debe ser, según el rotativo, el lugar idóneo para que los visitantes, en representación de unas 800 empresas, conozcan las oportunidades de Cuba como una plaza de inversión, además de que el evento ayudará a “difundir las buenas prácticas y experiencias de los inversionistas extranjeros y cubanos”, todo eso, aclara, a través de encuentros bilaterales y de compartir experiencia.

Según Granma, eso dijo el ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Ricardo Cabrisas, un funcionario omnipresente y omnipotente, de 86 años de edad, que se pasa el año en viajes entre La Habana y Moscú, o entre la capital cubana y otras europeas, mendigando cualquier cosa que sirva para mantener enternecidos a los cubanos de a pie, a esos que no tienen ni café que tomar en las mañanas.

Granma, en una nota firmada por Susana Antón, se refiere al Plan de Desarrollo Económico y Social de Cuba hasta 2030, pero a mí me parece que, si no se apuran, para esa fecha no quedará nadie en el país. Unos se habrán largado, según ellos, tras los cantos de sirena que llegan del Norte. Y otros habrán muerto por falta de una alimentación balanceada o saludable, o tal vez solo por la falta de alimentos, pasando de los adjetivos, porque ahora mismo en el país no hay qué comer.

Ni la magra cuota de arroz o azúcar que el gobierno intenta llevar al cubano ha estado disponible esta vez. Esa misma que ellos llaman canasta básica, y que no son más que cinco o seis productos que a una familia le alcanzará para vivir unos tres días, cuando más.

Sin embargo, Granma insiste, que ahora mismo la gran prioridad es el turismo. Hay, según el libelo del Partido Comunista, 10 negocios en el sector del turismo, que para mí es algo así como arar en el mar, y a donde, sin embargo, siguen destinando todos los recursos: más hoteles, más habitaciones, inversiones millonarias a cambio de nada, porque el servicio es tan malo y Cuba tan poco atractiva, que los potenciales visitantes cambiaron el destino a México o República Dominicana.

Solo los rusos, bloqueados de visitar Europa, y algunos canadienses o españoles confundidos, siguen optando por los hoteles cubanos, donde es normal que no haya huevos ni productos lácteos de ningún tipo, y donde el servicio dista años luz de otros lugares del mundo.

En Cuba, donde lo que hace falta es “jama”, como diría el inefable Pánfilo -el otro Pánfilo- hay aprobados seis negocios para la producción alimentaria, y aunque no especifica cuáles, me atrevería a decir que son fábricas de perros calientes, de galletas o de cualquier otra cosa, pero ninguno habla de inversiones en la agricultura o la ganadería, lo más precario del país y lo más necesitado.

Los cubanos pasan hambre, pero los gordos de piel brillosa -como el propio Cabrisas, Manuel Marrero (el primer ministro que se va a Bielorrusia y China mientras se celebra el evento económico más importante) y el propio presidente Miguel Díaz-Canel) no se dan cuenta, porque ellos tienen quien les ajuste sus guayaberas para que sus enormes panzas sigan reluciendo delante de un pueblo que no tiene alimentos, y que nadie se preocupa por producir.

Cuba, según Granma, ratificó la decisión y voluntad de crear condiciones favorables para atraer a los inversores extranjeros, y aclara que es “sobre bases mutuamente ventajosas”, pero los empresarios foráneos saben que con el castrismo no funciona así, porque sus dirigentes se creen listos, quieren llevarse siempre la mejor tajada y luego no cumplen con su parte en lo tratado. Y ejemplos hay miles, entre ellos los miles de millones que adeudan a muchos países, entre ellos a sus amigos chinos, a los cuales fue a mendigar Manuel Marrero.

Nadie serio, con dos dedos de frente -a menos que piense que el régimen se va a caer en breve- se atrevería a poner dinero en Cuba, un estado fallido, incapaz no solo de alimentar a su pueblo mediante un gobierno inoperante, porque no sabes cómo vas a recuperar la inversión y a llevarte el fruto de tus ganancias.

Cuba -lo digo yo, no Granma- es un país perdido, que en un futuro no muy lejano, cuando un gobierno democrático y digno quiera echarlo adelante, tendrá que traer mano de obra de la India o China, tal como hacen otros lugares del Caribe, como la floreciente Trinidad y Tobago, por ejemplo.