CONGRESO POR GUSTO (II)

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Por Jorge Sotero
La Habana.- Un Congreso de la Unión de Periodistas es una forma más de gastar dinero en cosas que no tienen sentido alguno. Con lo que se bota -así literalmente- en esas reuniones, da para resolverle el problema de vivienda a muchas familias cubanas, pero el gobierno necesita lavarse la cara de vez en cuando y apela a estos cónclaves donde algunos van a repetir lo mismo de siempre y otros a escucharlos.
En esas reuniones largas, tediosas, aburridas y de cuyo guión preestablecido no se puede salir nadie ni un centímetro, hablan siempre los mismos, y dicen las mismas cosas. Pepe Alejandro suelta su diatriba, y luego lo secunda Arleen Rodríguez, mientras un grupo de dirigentes observa desde sus cómodas sillas o desde la presidencia de la reunión, integrada en ocasiones por hasta la presidencia del país, salvo en tiempos de Raúl Castro, que no estaba para esa bobería.
Luego es el turno de Rosa Miriam Elizalde, de Juana Carrasco y, de estar vivos, de Lázaro Barredo y Hugo Rius, pero ambos pasaron a mejor vida, y sus extensos y aburridos parlamentos se los llevaron consigo.
Como siempre, cada uno de los oradores se limitará a los temas de siempre: el nuevo periodismo, el trabajo en las redes, la censura y la autocensura, y se explayarán ahí, como si fueran a resolver los problemas de algo que no tiene solución. Y mientras esto ocurre, el monje tibetano Enrique Villuendas llenará hojas y hojas de apuntes, que, en su momento, analizará con los directores de los medios, para que le transmitan a sus periodistas en lo que se equivocaron.
Rogelio Polanco ni eso hace. Escucha y dormita, y cuando llega la hora de hablar, pasa por encima de lo que dijeron durante dos días los periodistas. Funciona así: no vale la pena ir a un congreso para salir después más convencido que nunca de que es algo sin pies ni cabeza y que nadie lo va a cambiar por más que la nueva presidencia (de la UPEC) se lo proponga. Pueden poner al frente al más especial de los hombres de este mundo, al más emprendedor, que al final tropezará con un engendro llamado Departamento Ideológico que hará lo que le venga en gana.

En una ocasión, en unas de esas habituales reuniones en Palacio, creo que en una Asamblea Nacional, a Raúl Castro se le había ido la mano con el alcohol, al parecer, y dijo que todo lo que se dijo allí se podía hacer público, que cada cual tenía que ser responsable de lo que escribiera, pero que no había censura. Los periodistas se miraron asombrados, atónitos, como si no creyeran aquello, porque al final sería posible escribir lo que ellos consideraran.
Sin embargo, cuando el menor de los hermanos Castro dio la espalda y abandonó aquel lugar, Villuendas y el resto de los funcionarios del Departamento Ideológico corrieron detrás de cada uno de los directivos y periodistas presentes y luego de estar todos reunidos en la sala de prensa del palacio dijo: «el segundo secretario dijo eso para afuera, para el que nos ve por televisión, pero, para nosotros, todo sigue como hasta ahora».
Así, de un plumazo, lo dejó todo tal cual estuvo antes de que hablara el hombre que lleva, verdaderamente, los poderes de la isla.
Sin embargo, esta vez yo quiero escuchar las conclusiones que hará El Hombre de la Limonada. Por supuesto que no voy a ver el discurso ni nada de eso, pero quiero ver en qué vuelve a meter el delicado, qué de lo que dice se presta para meme, y con cuáles frases se convierte una vez más en objeto de burla para los cubanos.
Yo, como ya dije, no espero nada de una reunión de ningún tipo, de nada que organice el Partido Comunista y menos de un congreso de una organización que nadie quiere dirigir, a pesar de que la presidencia nueva saldrá con auto y gasolina, algo que en Cuba significa tener como tres salarios adicionales.
Cuidado y no sean Humberto López y el gordito pesado de Con Filo los nuevos directivos, tras la salida de Ronquillo, Rosa Miriam y Jorge Legañoa. Incluso pudiera ser Bolivia Tamara, aunque solo fuera por el nombre y el color.