CARTA DE UNA CUBANA A LA PRINCESA DE ASTURIAS

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Por Ileana Medina Hernández ()
Tenerife.- Querida Leonor: Si hubiera nacido y estudiado en Madrid, tu madre y yo hubiéramos sido compañeras de clase universitaria. Mismo curso, misma carrera.
Tu padre, altísimo y con barba, se me da un aire al padre de mis hijos, con la misma nobleza que se sale por los ojos.
Salvando las distancias, tú, tan dulce y tan comedida, me recuerdas a mi hija, que nació el mismo año que tu hermana.
No puedo ocultar mi simpatía por esta familia, con la que comparto generación, formación y valores.
Ninguno eligió lo que le tocó, quizás ni siquiera Letizia, y se esfuerzan muchísimo por hacer lo mejor posible, dadas las circunstancias.
Me congratulo de que finalmente Felipe se haya casado con una mujer de personalidad fuerte, culta y con la cabeza bien amueblada, es lo que hace un hombre de estos tiempos seguro de sí mismo.
Las que critican a Letizia, me gustaría ver si son capaces de hacerlo mejor. A las republicanas y feministas, me gustaría ver a cuántas se les hubieran caído las bragas al suelo si el príncipe se hubiera dignado en mirarlas siquiera. La política de izquierda está llena, llenita, de gente que en cuanto se ve con poder o dinero, o al ladito de él, actúa igual o peor que aquello que critica. Es su principal característica.
La monarquía, ciertamente, es una institución medieval anacrónica. Hay repúblicas democráticas que funcionan muy bien, qué duda cabe. Las monarquías absolutas a estas alturas son vomitivas, como las árabes o las asiáticas.
Sin embargo, esos países del norte de Europa que lo hacen todo bien, ahí las han dejado como monarquías constitucionales, al servicio de la democracia. ¿Por qué? Porque son un recurso relativamente barato, que a cambio cumplen un gran papel en el imaginario colectivo.
En el caso de España, ese papel es aún más importante. España arrastra un problema grave de integridad territorial. Las burguesías catalana y vasca, han utilizado su poder económico y la manipulación de la diversidad lingüística, para alimentar entre sus ciudadanos un conflicto identitario falso, que les lleve, no necesariamente a vivir mejor, dado que la democracia española garantiza todos sus derechos políticos y económicos, sino a maximizar su propio poder regional y elevar sus aspiraciones de grandeza provinciana a rango nacional.
En este contexto, sumado a la tentación política castrochavista, demagoga y totalitaria que late en buena parte de la izquierda española, la monarquía parlamentaria española es una institución benévola, cuyo papel simbólico y estabilizador actúa, paradójicamente, como garante de la democracia representativa, del Estado de Derecho y sus valores.
España es un país que auna lo mejor de las sociedades democráticas europeas con la alegría y el buen vivir de las culturas latinas. ¡Que así siga siendo, caramba!
¡Feliz cumpleaños, princesa, y que viva España sin complejos!