EL ECLIPSE

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Por Irán Capote
Pinar del Río.- Todo listo para recibir el eclipse a las 11. Todas las medidas tomadas. Lejito de la gente y bajo techo. Sobre las 10 y algo me puse a limpiar la casa. Mi hermano, (Yano Naranjo Capote ) pa recomerme el coco, me dice:
«Pueden ocurrir movimientos de masas producto del eclipse. No limpies, es posible que haya hasta terremotos.»
«¡¡Muchacho!! No me digas esas cosas que tú sabes cómo se pone mi paranoia con estos temas astronómicos y astrológicos. Ayúdame a limpiar, anda. Y de lejito, sin acercarte que quiero tener todos los chacras limpios.»
Le dije con ánimo de que me ayudara. Él cogió la escoba y me fui a la cocina para descongelar «una carnita». Mi madre me había regalado un pedazo de carne de puerco y ya estaba dispuesto en pequeños paquetes. Vamos, las clásicas «comiditas» en las que uno administra las cosas en el congelador.
Descongelaba yo aquella «comidita», cuando tocan a la puerta. Aún faltaban minutos para las 11. Así que, abrí la puerta y apareció la sonrisa imponente de Emanuel Gil Milian .  Asustado, como quien está esperando un desastre nuclear, le digo:
«Muchacho ¿qué tú haces por la calle? ¿Tú no sabes lo del eclipse?»
«Vine a pasarlo contigo. Porque este no es el primer ni el último eclipse que nos ha tocado vivir. Unos por el sol y otros por la vida. Pero eclipses al fin y al cabo.
Tenía razón. Así que lo invité a almorzar. Y mientras afuera, el Sol se dejaba tapar, nosotros nos pusimos al tanto de todos los eclipses cotidianos. Del eclipse de no poder dar clases en una escuela de este país por supuestos problemas ideológicos, del eclipse cultural que ha impuesto la mediocridad y el oportunismo de algunos en el poder, de los que quieren tapar el sol con un dedo…
Terminé el almuerzo. Ya el eclipse solar era viejo y yo apenas me di cuenta de que ocurría.
Servimos en «completas» para comer en la mano y ahorrarnos la fregadera de platos.
Yano, cuando se sirvió su «carnita», me miró y me dijo: «¿Viste que sí hubo movimiento de masas? ¡Por poco no me dejan carne!»
Emanuel y yo nos reímos, con esa risa cómplice que tenemos hace más de 15 años. Y yo le dije: «¡Anunciaron eclipse y lo que  cayó en mi casa fue un meteorito!»
*El Vigía de Cuba no se responsabiliza con las opiniones de los articulistas